El 3 de mayo un bus mató un niño en Sabaneta. Hubo protestas. Hoy la madre del menor reclama justicia. En lo que va corrido de este año han muerto cinco personas en Sabaneta en accidentes de tránsito, cuatro de ellas en la variante de Caldas.

 

POR: POMPILIO PEÑA

«Eres la más bella. Gracias por darme la vida. Por siempre, gracias. Por alimentarme. Eres una mamá que vale por 10. Dios me dio una mamá querida y encantadora por siempre. Te amo con mi corazón. Todas las cosas que hemos hecho, como comer helado, ir a la cancha, ir al parque de Sabaneta, que me dejas hacer, ir al parquecito, comer sanchipapas. Te amo».

Dentro del morral de Maicol Rueda, de diez años, había una carta de amor para su madre. Ella la descubrió en el hospital, una vez le confirmaron la muerte del niño. Minutos antes, el pequeño subía la cuesta que daba a su casa cuando vio un bus que descendía sin control. Maicol empujó a dos de sus compañeros para salvarles la vida. Él no volvió abrir sus ojos.

El bus se detuvo en la cuesta de La Inmaculada ante la mirada estupefacta de vecinos. Eran las 6:30 p.m. y estudiantes del colegio Primitivo Leal acaban de salir de sus aulas. Maicol, un amiguito suyo y un padre de familia, terminaron en el Hospital de Sabaneta. Al menos diez niños se salvaron de ser arrollados.

Eran vísperas del día de la madre y Maicol no pudo estar con su mamá Paola Álvarez Gutiérrez. La muerte del pequeño cernió un luto cerrado sobre el barrio. Se armaron corrillos aquella noche en las calles y líderes propusieron cerrar la vía en protesta. Y así fue.

-Pudo haber sido el hijo de cualquiera –dijo a los medios la líder Solangie Restrepo la mañana del 4 de mayo, un día después del accidente.

Así pues, mientras el cuerpo de Maicol era velado en casa en compañía de su madre, su padre, su hermana de 12 años y vecinos (luego recibiría un hermoso homenaje en la escuela), abajo una multitud iracunda, con sentenciosos carteles, reclamaba la presencia del alcalde Iván Montoya Urrego, de ingenieros de tres urbanizaciones y del representante de Sotrames, empresa del bus que ocasionó la tragedia.

Esta inconformidad se entiende porque desde que comenzó la construcción de las unidades (Parques del Sol, Bambú y Selvática) arriba de La Inmaculada, volquetas tomaron la pendiente como acceso. Este tránsito se sumó al de particulares y buses. La congestión, más lo estrecho de la vía y su extrema inclinación, hicieron que muchos vaticinaran una fatalidad.

-Es una calle sin andenes, ni policías acostados, ni señales. Los niños suben y bajan porque abajo hay una cancha y juiguitos –asevera Ana Cecilia Sánchez, madre de dos menores.

La razón de la falta de estos requerimientos es porque La Inmaculada fue (y es) una vereda estrecha. El crecimiento de Sabaneta y el afán de los constructores por levantar edificios provocaron que este lugar se convirtiera, luego, en un foco urbanístico. Entonces apareció un problema:

-Selvática tuvo que abrir huecos a lo largo del pavimento del barrio para conectarse al alcantarillado de La Inmaculada –cuenta Laura Rojas, líder del sector. Esta vía tiene cerca de medio kilómetro.

Estos trabajos de conexión, que comenzaron en enero de 2018, causaron que la calle se convirtiera en una pista de hielo con peligrosos sobresaltos.

La tarde del 3 de mayo Maicol fue víctima de este ramaje de malas circunstancias. Las llantas del bus que lo golpeó resbalaron por la arena, el pantano, la humedad y un aceite de auto.

Hoy la Junta de Acción Comunal de La Inmaculada tiene reuniones periódicas con la Alcaldía. Allí se discute sobre seguridad vial, compromisos de las constructoras y obras para un barrio que se sintió por año abandonado.

Los vehículos siguen resbalando por allí a pesar de que fueron pavimentados los huecos.

Y la carta de amor de Maicol para su madre hoy está enmarcada y ocupa un espacio en su cuarto, el mismo en donde nunca volverá a dormir.