Estefanía, una tejedora de sueños

En la vereda San José La Loma de Sabaneta vive una artista del diseño, la música y los sueños.  A Estefanía Álvarez Galindes a sus 22 años desde pequeña le gusta la moda, cuando estaba en el colegio tuvo su primer acercamiento a una máquina de coser y quedó flechada de por vida, aunque confiesa que su gran pasión es la música y el trabajo comunitario. Viajará a Estados Unidos, donde es semifinalista del Arts of Fashion, gracias a Ausencia, su trabajo que da cuenta de la crueldad de la guerra en Colombia.

PUBLICADO 4 SEPTIEMBRE 2016

Cursando octavo grado de bachillerato, asistía a los talleres de modistería en su vereda donde compartía con las señoras vecinas. El entusiasmo fue tanto que su padre le regaló una máquina de coser, y con ella, elaboraba tulas y algunas prendas básicas como blusas, las cuales vendía como pan caliente. “Yo veía en esto la posibilidad de mi independencia económica. La señora a la que le compró la máquina mi papá, me dijo que aprendiera algo con las manos que eso me iba a salvar de depender de alguien”, recuerda mientras prepara los hilos.

Cuando se graduó de bachillerato, Estefanía empezó a estudiar teatro porque soñaba con  ser una estrella de cine, eso también le gustaba,  pero se dio cuenta que más que actuar, quería ser la diseñadora del vestuario que contaba esas historias. La meta era entonces conseguir un cupo para estudiar diseño de moda  en alguna institución pública que se acomodara a su capacidad económica, pero no la tuvo fácil.

Ni en el Cefa ni en el Pascual Bravo, logró un cupo. Así que estudió una técnica en diseño en el Cefit y luego hizo un préstamo en Icetex para hacer la tecnología en la Academia Superior de Artes. Para costearse los estudios, le cose hasta a sus propias compañeras de estudio, canta en restaurantes y pertenece a una chirimía con la que también hace presentaciones. “Yo sé que la educación de una técnica no es la misma a una carrera, pero yo aprendí de todo. Puede ser un cursito lo que hagas en tu vida pero si lo aprovechás, hacés cosas espectaculares, yo no me siento menos por eso”, dice esta joven de escasos 22 años.

 

Entre risas, sentad frente a su máquina Singer y una actitud desbordante, Estefanía habla con orgullo de Ausencia, su proyecto de grado, el fruto de su esfuerzo y talento. El trabajo que la llevará a graduarse en marzo del año entrante como diseñadora de moda, y mejor aún, que la tiene de semifinalista en el proyecto Arts of Fashion en California, Estados Unidos. Una metáfora sobre el desplazamiento forzado es la temática que plasmó en textiles, con el objetivo de representar una historia de su territorio  a través de los colores; amarillo de la unión y la felicidad, verde de fuerzas militares, rojo de la sangre, café pantano y los  hilos que representan caminos, literalidades que la gente entienda y se sienta reflejada .“Yo quiero plasmar historias en prendas a través de mi sensibilidad, quiero que sean textiles con alma, que todo el mundo pueda ser parte de ellas, porque para mí la moda igual que estudiar, fue una exclusión”.

Los obstáculos para ser profesional han sido una oportunidad en la vida de esta joven diseñadora, que está a un paso de dar a conocer al mundo, su propuesta de moda autogestionada y experimental, prendas femeninas que resaltan el trabajo manual, artesanal y autóctono de los colombianos.

 

 

Y esto es solo una parte de la historia de Estefanía, a pocos días de codearse con la industria de la moda internacional,  distribuye el tiempo entre la máquina de coser y sus otras pasiones: la música, a quien llama su plan A, y el trabajo social en su comunidad. “Siempre quise estudiar música, yo amo todo lo que hago. Es mi inspiración, todas mis creaciones nacen de canciones y composiciones mías”.

Con su grupo San José La Loma, canta en restaurantes y eventos. Le gustan los boleros, la música de la revolución mexicana, las letras sociales; y con la chirimía explora  los sonidos del Atlántico colombiano. Sus composiciones hablan de su vereda, de la gente del campo y de su madre, su referente de vida, a quien le ayuda a recoger la siembra de piñas, naranja, yuca y  limón, y a quien le heredó la capacidad de liderazgo social y la sensibilidad por el campo.

Estefanía está conectada con sus raíces, le encantan los niños  y siente una gran responsabilidad de compartir su conocimiento con ellos, a mediano plazo quiere dictarles unos talleres con muñecos de trapo y enseñarles a coser, que se sientan identificados en esos personajes y proyecten su imagen a futuro. “El campo me permite compartir con el otro. Me encantan los niños y quisiera aportarles desde mi sensibilidad, que si les gusta el diseño no crean que porque vivimos en una vereda no pueden cumplir sus sueños”, enfatizó.

Tejer sueños, al parecer, es una de las grandes habilidades de esta sabaneteña, que ama las tantas cosas que hace y que se ha valido de sus múltiples capacidades para cumplir esos sueños. La costura representa su independencia, la música su inspiración y la fusión de éstas, acompañada de una alta dosis de buena actitud, la llevarán a cumplir grandes metas. “Estoy muy joven para hacer todo lo que tengo en mente, mis manos no dejarán que me estanque”. Sin duda, su convicción será su mejor puntada para llegar a donde se lo proponga.

Manuela Tejada Agudelo

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