¿Condenado por error?

Javier de Jesús Cadavid nunca se imaginó que crear la primera sucursal bancaria de Puerto Nuevo, un corregimiento alejado del municipio de Nariño en el oriente de Antioquia, lo iba a tener tras las rejas condenado a 23 años de cárcel. La Justicia lo acusó de extorsión y enriquecimiento ilícito, pese a que sus supuestas víctimas aseguraron que es inocente.

Todos lo llamaban el “papá del pueblo”. Creó el acueducto del caserío, gestionó el alumbrado público, llevó la telefonía, impulsó el bachillerato para los jóvenes y era el dueño del supermercado donde los campesinos, que viven de la panela y el ganado, compraban la comida.

En Puerto Nuevo hace diez años no había banco ni cajero, mucho menos caja agraria. El encargado de hacer circular el dinero era don Javier. A su cuenta corriente le giraban los pagos a los maestros del corregimiento, a los militares que combatían los frentes 47 y noveno de las Farc, a los campesinos y, según él, sin saberlo, también le consignaban a esta guerrilla.

Alias “Rojas” el jefe de ambos frentes guerrilleros que allí gobernaban daba el número de cuenta de Don Javier para que sus víctimas consignaran allí los dineros producto de la extorsión a habitantes de pobladores del departamento de Caldas.

Esos dineros eran entregados por el comerciante que hoy tiene 59 años a supuestos campesinos que después, producto de la investigación de la Fiscalía, se determinó que iban a parar a manos de las Farc.

Javier Cadavid está sindicado de enriquecimiento ilícito y extorsión, delitos que paga en la cárcel La Paz de Itagüí desde hace ocho años, dos meses y 24 días, el mismo tiempo que su esposa Mariela Toro ha hecho hasta lo imposible por demostrar que es inocente.

“Javier hacía los giros con mucho gusto, igual que nos pagaba a los maestros, a la Policía y al Ejército y a él eso sólo le servía para proteger el dinero de su negocio porque así se lo consignaban a la cuenta y él entregaba el efectivo que iba quedando del producido diario. Tener dinero guardado era muy peligroso”, relató.

El propio alias “Rojas” desde la cárcel defiende a don Javier y confirma la versión de los esposos Cadavid Toro. Las víctimas de la extorsión tampoco lo acusan, sin embargo, para la Fiscalía las consignaciones hechas por ellas son la prueba por la que debe pagar otros 15 años de cárcel.

“Todo el mundo entiende que uno es inocente. Los únicos que no son el juez y el fiscal. Las víctimas que son de El Tácora y Aguadas, en Caldas, dicen no conocerme y nunca haber tenido una conversación conmigo”, explicó desde la cárcel donde llora con frecuencia este hombre que asegura alegará su inocencia hasta el último día de su vida, incluso por eso nunca se declaró culpable y así obtener una rebaja en su pena. “No tengo porqué, soy inocente”.

Mariela se comunica tres veces al día por teléfono con su esposo Javier. Una de esas llamadas la recibe alguno de sus cuatro hijos. Los tres han vivido un viacrucis que parece no tener fin y que con cada visita familia al centro de reclusión el dolor se hace más fuerte. “Cuando lo veo caminar de regreso a la celda se me parte el corazón, es un hombre muy bueno que no merece lo que está viviendo”, asegura ella.

Don Javier asegura que es el primer condenado sin tener un quién lo acuse y que cada semana que pasa recluido es como un año que pierde de su vida con su familia. En su largo camino judicial solo le queda la revisión del caso por parte de la Corte Suprema de Justicia. Él, su esposa y sus hijos claman para que se haga justicia. 

 

María Camila Carvajal Restrepo

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