José Luis Orozco Naranjo desde niño fue amante a los vehículos pesados, pero
nunca imaginó que esos mismos le arrebataran la mitad de su cuerpo. En un
accidente cuando conducía una tractomula en la vía al mar, un microsueño le hizo
perder el control, caer a un precipicio, el carro explotó y las llamas le quemaron las
piernas.
Duerme en una casa improvisada de tablas que alumbra una bombilla, el piso es
de tierra, aunque todo en ordenado. En los escasos cuatro metros cuadrados,
están sus pinturas, obras que hace en el tiempo que le queda cuando no está
debajo de los carros intentando repararlos.
Se mueve por las calles engrasadas y averiadas de Naranjal con ayuda de unos
patines que impulsa con sus brazos. Mira con nostalgia los talleres donde suenan
las latas y la pistola que expulsa la pintura, y tienen los días contados debido al
plan parcial del que se habla desde hace 22 años, pero que ya levantó los
primeros edificios. Ese plan que ejecuta la Empresa de Desarrollo Urbano
trasladará los talleres para vehículos pesados, de acuerdo al POT, fuera de la
ciudad.

En la otra esquina aparece Luis Eduardo, el caminante, como lo conocen, en su
bicicleta que conduce junto con su perra Luciana. Sonríe, cuenta que llegó allí tras
salir corriendo de los paramilitares en Puerto Boyacá. Sabe que también deberá
abandonar lo que ha sido su casa, la misma que comparte con “peineto”, una de
las personas que más conoce la historia de este barrio al que muchos le huyen,
pero el más codiciado ahora por constructores.

En 1990 el Concejo de Medellín declara este sector, junto con Arrabal como zona
residencial, aunque en el proceso de crecimiento urbano se convirtió en el gran
taller de la ciudad al igual que Barrio Triste. Allí habitan 168 familias que están a la
espera del proyecto de vivienda de interés social, mientras que los talleres de
vehículos livianos contarán con un centro de servicio.
Pero el avance es incipiente, en medio de grandes críticas, de retrasos, de
incertidumbre, de dudas. Por ahora la grasa, la pintura, las latas, los motores, el
cartón, la mariguana, el bazuco, el billar, la cerveza, los mecánicos, los
recicladores, los drogadictos, los jíbaros, los trabajadores, todos, siguen habitante
Naranjal.

POR ALEJANDRO CALLE CARDONA