Ángela María y su deseo de cambiar el mundo

Hace 18 años Ángela María Álvarez fue desplazada por la violencia de la Comuna 13 en Medellín. Desde su llegada a la vereda El Ajizal del municipio de Itagüí se dedicó a ayudar a los demás, algo que lleva en la sangre. Sus luchas son, podría decirse, las pequeñas causas y necesidades de la comunidad: falta de acueducto, terrenos que se convirtieron en un desafió constante, pobreza, desplazamiento y escasez de oportunidades.

 

Como desplazada y víctima, Ángela María sabe de dolor y sufrimiento de sobra, y son precisamente esas las razones que la impulsan a no desfallecer en su tarea de aportar y tocar puertas para evitar que muchas familias sufran lo que la suya padeció. Su liderazgo sobresale en la Mesa de Víctimas de Itagüí, espacio en el que deja por sentado que por lo menos cada caso tiene en ella a una doliente propia.

Esta mujer de 65 años no se cansa de recorrer el corregimiento El Manzanillo a pesar de sus empinadas escalas y lomas, para conocer las condiciones de quienes llegaron allí, como ella, por cuenta del conflicto armado. “Aquí en el corregimiento viven la mayoría de personas desplazadas y muchas de ellas viven en condiciones muy difíciles, algunos sin servicios públicos o sin dinero para comprar comida. Lo más triste es que siguen llegando más personas con sus familias buscando techo”, lamentó doña Ángela, mientras señala las casas de madera.

Pese a lo vivido y a lo que sigue viendo en su barrio, cree en las segundas oportunidades y en que no es necesario juzgar nunca la vida del otro. Bajo esas premisas le apuesta con toda convicción a un país que puede ser mejor si hay trabajo en equipo, conversaciones sinceras y gente que haga las cosas bien hechas.

En su piel se evidencia el paso de los años, pero en su mirada y la mezcla entre fuerza y pausa de su voz, permanece intacto ese deseo de cambiar el mundo, sueño al que según ella le faltan recursos, pero le sobra corazón. “La paz solo nos la puede dar Dios, pero sabemos que hay que ayudarnos entre todos aquí en la Tierra. Sabemos que hay gente que hace daño, pero los que hacemos el bien debemos ser más fuerte”, asegura.

Aunque la familia de Ángela María está conformada por su esposo, su hijo y siete nietos, trata a sus vecinos sin importar cuanto lleven en el barrio como hijos propios. “Ella siempre está pendiente de uno, de nuestras familias, de que reclamemos nuestros derechos y que no nos dejemos vencer por los problemas. Gracias a ella, hemos recibido capacitaciones y participamos de las organizaciones de víctimas”, cuenta su amiga Eludis Fernández, una de las 13.000 víctimas del conflicto armado que viven en Itagüí.

Doña Ángela está convencida de que no hay mejor manera de educar si no es con el buen ejemplo y el amor. Para ella, aclara, la unión familiar es algo fundamental que le falta a la sociedad actual, por lo que aclara que no descansará hasta que la Administración Municipal, sin importar el alcalde de turno, por fin se fije en las necesidades de su corregimiento e invierta en él para mejorar su calidad de vida.

De sí misma solo alcanza a decir que es una persona sencilla y luchadora, y es que Ángela María solo habla de su comunidad, de las problemáticas que enfrentan y a las que siempre trata de buscarles solución. Ella le encuentra el significado a la palabra felicidad cuando ve a muchas personas, por la que siempre trabaja, sonriendo juntas.

 Carmen Herrera

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