«Si la prensa no habla, nosotros damos los detalles con aerosoles en las paredes», dice la letra de Mutiviral, la nueva canción de Calle 13. El sonido de las latas irrumpió en la silenciosa noche del 8 de noviembre en el deprimido de San Juan, centro de Medellín. Los aerosoles daban forma a decenas de graffitis que le dieron vida este gris lugar ubicado al frente de La Alpujarra.

 

Cerca de 70 artistas urbanos participaron de la Maratón 24h para protestar por lo sucedido con artista juvenil Justin Bibier en Bogotá, pero sobre todo, para reiterarle a la ciudad y a sus autoridades gubernamentales, que este arte es vida.

Osos, aves, grafos, amor, rebeldía. Todo ello quedó plasmado en las numerosas pinturas, las cuales ya se roba las miradas de los centenares de pasajeros y conductores que por allí transitan a diario. Aunque la Policía trató de decomisarles los aerosoles, entendieron, como tendrá que pasar con una parte de la sociedad, que el graffiti no es vandalismo.

Pero esto apenas inicia. Aunque ya en algunas zonas de la ciudad estas manifestaciones artísticas ya hacen parte del paisaje urbano, Medellín es un lienzo virgen, según Daniel Felipe Quiceno, ‘el perro’, uno de los graffiteros más representativos de Medellín.

Junto a él, un puñado de jóvenes permaneció 24 horas, entre dibujos, pintura, música y amigos, plasmando una visión del mundo, la cual muchos, por mero desconocimiento, sataniza.

“Ya nos hemos ganado muchos espacios en la ciudad, pero faltan demasiados porque estamos muy por debajo de ciudades modernas como Sao Paulo, Londres o New York, donde sus paredes reflejan todo lo que pasa en sus calles, en sus barrios. Ahora queremos que todos entiendan que solo cuando entendamos esto y nos permitan pintar las paredes sin restricciones, Medellín será en verdad una ciudad innovadora”, expresó “el perro”.

Al salir el sol, el sábado 9 de noviembre, el deprimido de San Juan estrenó una nueva imagen. Esa que vive en muchos barrios y que ahora pretende que toda la ciudad disfrute de su arte. Sin embargo, 15 días después, los 200 graffitis fueron borrados, aparentemente por empleados de la Alcaldía de Medellín. “Qué tristeza que esto pase en una ciudad que se hace llamar un lugar para la vida. Si no les gustó como quedaron, que nos den aerosoles, pinturas, andamios, para hacer un mejor trabajo, pero no entiendo por qué los tenían que borrar”, lamentó e ‘El perro’.

 

Alejandro Calle Cardona

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