Al ingresar por cualquiera de sus dos accesos, el barrio La Cruz revela su larga espera, su eterna lucha. De su única calle irregular convertida en una polvareda cuando el sol arrecia y en un lodazal cuando el invierno golpea, nacen decenas de pequeños callejones donde brotan construcciones, algunas en madera y lata, y otras tantas en adobe y concreto.

 

Antes de salir el sol, el zumbido que deja a su paso el primer Metro del día indica que una nueva jornada inicia, ese zumbido que despierta el gallo que allí habita y comienza a cantar para avisar, ya un poco tarde, un nuevo amanecer.

En épocas navideñas la calle se llena de trabajadores rumbo al sistema de transporte masivo o hacia la autopista, aquella que ha marcado su trágica historia; pero que en temporada escolar aumenta el riesgo de que la tragedia sea mayor ante la presencia masiva de niños.

Pasaban los años 70 cuando a Itagüí llegaron dos familias desde Titiribí y Heliconia para trabajar como recicladores en el basurero municipal. Luego de que éste fuera cerrado, el terreno se convirtió en un barrio de invasión, y hoy, 40 años después, La Cruz continúa acosado por la falta de inversión a causa de no contar con la legalización de sus predios. 

Cuando fue eliminado el basurero, la madera que permanecía entre los residuos y con la donada por algunas empresas, sus pocos habitantes la utilizaron para construir sus ranchos. Luego, en jornadas comunitarias construyeron el alcantarillado y posteriormente las calles del barrio.

Para 1989, ya con 200 familias asentadas en este terreno, decidieron organizarse por medio de la acción comunal y adquirieron la personería jurídica para impedir que su barrio desapareciera debido a la construcción del Metro de Medellín. Inicia su lucha por el territorio.

Pero esto no ocurrió, y aunque mediante diálogos fue concertado el traslado de 67 familias para el barrio El Limonar, en el corregimiento San Antonio de Prado, los habitantes de La Cruz fueron testigos de cómo su comunidad se convertiría en ejemplo para todo el municipio. A partir de ese momento los servicios de agua y energía, los cuales provenían de manera ilegal de la industria que se había instalado en aquel sector, llegaron al barrio gracias a un convenio con EPM. 

Cuatro décadas después de la construcción del primer rancho de madera y que un religioso lo bautizara La Cruz- debido a que una de madera pintada blanco permanece en el centro del barrio-, este cuenta con cerca de 800 viviendas, unos tres mil habitantes.

 

Sin legalización no hay inversión 

Al constituirse como barrio de invasión, la falta de inversión por parte de la Administración Municipal de Itagüí ha sido la constante desde su fundación. Esto ha impedido la pavimentación de su calle, la construcción de un colegio, escenarios deportivos y del acueducto y alcantarillado. A La Cruz, como en todo poblado, primero llegó la iglesia, el comercio y hasta las entidades bancarias, antes que el documento que valide la legalización de cada vivienda. Su segunda lucha.

Esta situación obligó a los niños y jóvenes a trasladarse a otros barrios para poder educarse, pero para llegar allí tienen que cruzar la Autopista Sur, que al no contar con un puente peatonal en el costado norte, cerca de 20 personas han perdido la vida en los últimos diez años, 72 en los 40 años de existencia. Líderes barriales aseguran que ya no saben cuántos heridos, incluso, los discapacitados, han resultado producto del peligroso paso en esta vía rápida. 

Por ello, Álvaro Garcés, quien durante 20 años fue el presidente de la acción comunal de este barrio y asesinado en 2011, inició la tercera lucha de La Cruz: que el Estado construyera un puente para evitar que más habitantes perdieran la vida. Acudió a una serie de vías legales, pero todas han sido insuficientes,  puesto que pese a que en 2004 Invías firmó un contrato para su instalación dentro de un plazo de seis meses, se necesitaba la donación por parte de la Alcaldía, de tres metros cuadrados de terreno para poder realizar dicha obra. 

Tal permiso nunca se dio y ocasionó el vencimiento del contrato, alargando la preocupación de esta comunidad, sobre todo en periodo escolar. Las promesas de varios candidatos a la Alcaldía de Itagüí aparecían cada cuatro años, pero las mismas quedaban archivadas al ganar las elecciones. No obstante, la factura del impuesto predial sí llegaba en la fecha indicada.

Pero ahora renace la esperanza. En audiencia de conciliación ante el Juzgado Séptimo de Medellín, el Invías y la Alcaldía de Itagüí se comprometieron a que a partir de enero iniciarán las obras de construcción del anhelado puente, y se espera que en el primer semestre ya esté finalizado. Ya incluso, Wilson Valencia, líder del barrio, asegura que el puente debería llamarse Álvaro Garcés, en homenaje a quien luchara por años por su construcción.

Ahora los habitantes esperan como regalo de Navidad, la legalización de los predios y la titulación de las viviendas, y con ello, la llegada de la inversión estatal. Por lo pronto por sus calles destapadas transitan a paso lento los viejos, tratando de esquivar los balones con los que juegan los más pequeños. Los vecinos que sin importar de quien se trate, saluda y regala una sonrisa. Así es la gente de La Cruz, luchadora, soñadora, alegre, en medio de la adversidad.

Alejandro Calle Cardona

periodicociudadsur@gmail.com