EPM participa en diversas alianzas público-privadas para promover el cuidado del agua y de los ecosistemas desde la parte alta de las cuencas. Aquí, algunas claves de ese trabajo que se construye en colectivo.

 PUBLICADO 28 DE JULIO 2021

Seamos claros: el agua no llega a los hogares por arte de magia, ni los páramos y bosques son fuentes ilimitadas de agua. Esas dos verdades irrefutables, que se conectan, obligan a que cada vez sean más relevantes las acciones para proteger las cuencas donde comienza el recorrido del recurso hídrico hasta sus consumidores finales.

Ese ciclo de producción del agua para el Valle de Aburrá y los municipios cercanos, explica María del Pilar Restrepo, jefe de la Unidad de conservación de agua de EPM, se ve amenazado por una serie de actividades y malas prácticas que ponen en riesgo la seguridad hídrica de millones de personas.

Entre las prácticas nocivas se resalta la deforestación en las partes altas de las cuencas, la disposición inadecuada de residuos o los vertimientos a los cuerpos de agua, la aplicación de agroquímicos y fertilizantes, y las ocupaciones indebidas de los cauces, que hacen que se prendan las alarmas sobre la calidad del agua que llega a los embalses y las plantas de tratamiento.

“Todas son problemáticas que ocurren en las cuencas abastecedoras y contaminan el agua. Hay alteraciones de su calidad física, química y biológica; disminución del caudal, aumento en la concentración de sólidos y turbiedad en la fuente. Eso lo vemos reflejado en las plantas potabilizadoras de agua que es donde tenemos dificultades en la operación para poder hacer los correctivos”, dice Restrepo.

Trabajo conjunto

Consciente de que el problema es complejo y que abarca regiones diversas del Norte y Oriente de Antioquia, EPM lidera desde hace varios años una serie de alianzas y acciones para blindar las fuentes de agua y educar a las comunidades que habitan donde nace el agua que se consume en los valles de Aburrá y San Nicolás. Ese trabajo conjunto requiere participación de las autoridades ambientales, empresa privada y de las administraciones municipales.

«En EPM estamos convencidos de que solos no podemos hacer la tarea y que es un asunto de sinergia. Tenemos de tiempo atrás acciones decididas tanto en el embalse de La Fe como en toda la cuenca del río Grande en el Norte de Antioquia y también en las cuencas menores del Valle de Aburrá. Con Corantioquia, Cornare, Área Metropolitana y otras entidades hacemos alianzas estratégicas para buscar soluciones que intervengan y restauren de manera integral las cuencas hidrográficas”, explica la funcionaria.

Una de esas alianzas clave, quizás la más importante, es la que desde hace más de ocho años derivó en la corporación Cuenca Verde. Allí, junto a empresas privadas como Nutresa, Femsa Coca-Cola, Postobón, Argos y Grupo Sura se gestionan recursos para campañas educativas y para acciones en territorio como la que realizan los guarda cuencas que van por los cauces identificando problemáticas y reforestando los retiros de las quebradas. Un trabajo en el que los propietarios de los predios también juegan un papel clave.

Otro programa en el que participa EPM es el BanCO2, que propicia pagos por servicios ambientales a familias campesinas que cuidan ecosistemas en otras regiones del departamento, pero que son importantes en la sostenibilidad de recursos como el agua.

“Hay que proteger mucho los bosques y en general toda la cobertura vegetal que hay en los nacimientos de los cursos de agua. Evitar la tala porque los bosques son nuestra fábrica de agua, no arrojar residuos a las quebradas y hacer una adecuada disposición de los residuos. Hay que trabajar por restaurar ecosistemas con especies nativas y apropiadas”, explica Restrepo.

Ahí hay un factor clave de pedagogía en el que trabaja la corporación Cuenca Verde con proyectos de ganadería sostenible, huertas leñeras y campañas para que los aceites usados, que solían botarse en los desagües.