La historia de la hija menor del alcalde de Medellín, Daniel Quintero, se robó la atención de especialistas y de las redes sociales en general. La menor se convirtió en la persona más pequeña en recibir un trasplante de hígado de su propia madre. Esta es la historia de una cirugía de 16 horas.

POR: CRISTINA MONSALVE GRANDA  | Twitter: @GrandaCris

“La donación de órganos es un acto de generosidad inconmensurable y de amor anónimo. Nadie sabe quién fue el donante o quién será el receptor. Es un gesto de amor que no tiene nombre”. Esto dice el médico Sergio Hoyos, coordinador del Grupo de Trasplantes del Hospital Pablo Tobón Uribe de Medellín, quien desde hace 18 años se dedica a esta misión salvadora de vidas.

Pero esta vez, ese acto sí tiene nombres: Diana Osorio y Aleia Quintero Osorio. Aleia, la segunda hija del alcalde de Medellín, Daniel Quintero, y su esposa, la gestora social Diana Osorio, nació el 9 de diciembre de 2019. Su nombre significa premonición – milagro, y para sus padres eso es lo que ha sido esta pequeña: un milagro de vida, desde su nacimiento ha tenido que luchar una dura batalla.

La bebé nació con atresia de vías biliares, es decir que las vías que conducen la bilis del hígado al intestino no se le formaron y desde sus primeros días corría una carrera contra reloj.

“La niña ya tenía el hígado cirrótico, tenía muy poquito tiempo. Antes del trasplante ya había hecho un sangrado digestivo y esos son signos de alarma grande”, explicó el médico Hoyos. Por eso no pudieron esperar que Aleia creciera más o ganara más peso. El trasplante debía ser inmediato porque su vida estaba en riesgo.

Pero tal y como ocurre con miles de pacientes, Aleia ingresó a la lista de espera de un donante compatible con su hígado. Las posibilidades eran mínimas debido a que en los últimos nueve años  las cifras de donación de órganos han bajado, pero con la pandemia los índices se redujeron aún más.

Su situación era tan crítica que los doctores recomendaron un trasplante con donante vivo, intervención que realiza el hospital desde hace dos años y misión para la cual su padre y su madre fueron sometidos a exámenes. Los resultados confirmaron que su propia madre sería la encargada, nuevamente, de entregar una parte de su ser para que la niña pudiera vivir.

“Los pacientes con esta enfermedad que no se trasplantan, se mueren. Los trasplantes de hígado se hacen para rescatar una vida, no hay un tratamiento o un aparato que se pueda usar para que la persona viva mientras el hígado está malo”, advirtió el médico.

16 HORAS DE ESPERA

El 26 de mayo fue la fecha decisiva. A las 6 de la mañana Diana y su hija habían ingresado a cirugía. De entrada, el tipo de cirugía era el más complejo que se le puede practicar a un ser humano y en este caso, con una receptora de cinco meses de vida, seis kilos de peso y con una donante viva, la complejidad aumentaba. “Se está sacando un fragmento de órgano de una persona sana y hay que ponerlo en un cuerpo donde todo es pequeño, milimétrico”, dijo el coordinador de trasplantes.

Cerca de 16 horas duró todo el trasplante de hígado. El proceso inició con la cirugía de Diana, en la que participaron tres cirujanos y se tardó casi cuatro horas. Le extrajeron un fragmento de cerca del 40 % del hígado, incluyendo estructuras de funcionamiento: vena, arteria y conducto biliar.

“Diana tenía una variación anatómica en su hígado, que hizo su cirugía más compleja, no solo la partición del hígado sin dañarlo, sino sacar esas pequeñas estructuras de manera adecuada para poder, digamos, pegarlas en el bebé”, explicó el doctor.

Superada esta etapa de la intervención, el grupo de profesionales pasó a pulir un poco el fragmento de órgano que recibiría la bebé y que se convertiría en su nuevo motor para poder vivir.

La tercera parte del proceso fue la cirugía de la receptora: Aleia. En esta intervención participaron cuatro profesionales y se extendió por cerca de nueve horas.

A la bebé, la más pequeña a la que le han realizado trasplante en esa institución, con procedimientos milimétricamente calculados, le introdujeron el fragmento de hígado extraído de su madre y un microcirujano reconstruyó la vena principal del hígado, que en su caso estaba menos desarrollada de lo normal.

“Sacamos una vena de la mamá y la reconstruimos. Esa parte técnica nos dio un poco de dificultad. Incluso la tuvimos que rehacer por completo al final porque tenía un flujo que no nos gustaba. La rehicimos y quedó bien. Fue bastante difícil y demandante”, aseguró el médico.

A las diez de la noche terminó la cirugía. Diana estaba en cuidados especiales y Aleia iniciaba su rápida recuperación en cuidados intensivos.

Menos de 24 horas después el doctor Andrés Aguirre, director del Hospital, entregó un parte satisfactorio: “el hígado de Aleia, su nuevo hígado, que la mamá con una gran valentía y amor donó, muestra signos de funcionamiento, esto debido a que la sustancia que se conoce como bilirrubina ha bajado ya en la sangre de Aleia cinco veces menos del nivel en que se encontraba”.

UNA NUEVA VIDA

Los especialistas aseguraron que el proceso de recuperación de Diana en el Hospital fue exitoso al punto que en unas ocho semanas su hígado estará regenerado.

El 5 de junio Aleia ya estaba de nuevo en su casa, junto a sus papás y su hermanita Maia. El doctor Sergio Hoyos, quien ha participado en más de 500 trasplantes y se ha capacitado en España, Corea y Brasil, explicó que, a pesar de que esta es la cirugía más compleja, también es “la más agradecida y la que menos rechazos genera”, por eso indicó que la niña tiene muchas probabilidades de poder hacer una vida normal, aunque deba tomar algunos medicamentos de por vida.

Hablando sobre el panorama de los trasplantes en Colombia, el especialista advirtió que el contexto social es muy importante. “A diferencia de este caso, otros niños vienen con enfermedades prolongadas y con la enfermedad más grave de este país: la pobreza. Eso genera condiciones asociadas que los hacen más vulnerables. Vienen desnutridos y descompensados y así se demoran más para recuperarse”.

El doctor aseguró que el tema de los trasplantes es un verdadero drama, pese a que Antioquia tiene uno de los porcentajes más bajos de negatividad para donación de órganos, que está en 20%, y que en otras regiones del país alcanza el 80%.

“Hay mucha gente que necesita órganos y se muere. Hay muchos que se mueren sin siquiera estar en la lista de espera, porque no les dan la orden para un trasplante. Las estadísticas del país son falsas en ese sentido, porque no quedan como muertos en lista de espera sino como muertos por cirrosis”, advirtió.

Por eso, la Gestora Social reconoció que son muchos los niños que ven sus sueños truncados por falta de una oportunidad como la que tuvo su hija menor y aseguró que luchará para mejorar esta dramática situación y que puedan repetir la historia de Aleia, su pequeño milagro de vida.

Fotos: Facebook Diana Osorio.