Son vecinos pero viven realidades diferentes. Envigado es quizá uno con los mejores indicadores de calidad de vida del país y la mayoría de sus habitantes se sienten orgullosos de habitar en sus barrios, pero la marca de la banda criminal llamada “La Oficina” parece señalarlos sin razón alguna.

Itagüí, en cambio, las malas administraciones, el abandono estatal y la poca inversión en infraestructura provocaron un deterioro en el municipio que se sumó a la apatía de su gente, a la desazón y desconfianza por la clase política. Eso ha cambiado en los últimos seis años, la intervención y construcción de nuevos colegios, de parques, de vías y la reducción de la violencia, tiene más felices a los Itagüiseños.

 

¡Envigado soy yo!

Foto: Cortesía

Ante los señalamientos y menciones en medios de comunicación y autoridades nacionales, la Alcaldía de Envigado y el Concejo Municipal decidieron emprender varias campañas para rechazar la supuesta relación con “La oficina” y exigir respeto para los habitantes. Se reunieron cerca de once mil firmas, en redes sociales enviaron mensajes con las etiquetas #RespetoPorEnvigado y #SientoAEnvigado.

Ahora aparece la segunda versión de la campaña ‘Envigado Soy Yo’, con la cual la alcaldía busca generar una cultura de la legalidad y combatir desde el colegio el consumo de sustancias alucinógenas y las diferentes formas del delito. “Cuando queremos algo, lo cuidamos, lo protegemos. Eso nos conlleva a una sana convivencia y a mejorar la seguridad”, dijo María Cristina Santa Guzmán, directora de Convivencia de la Secretaría de Seguridad de Envigado.

La primera fase se realizó en la Institución Educativa El Salado a través de un homenaje a la fauna que habita este municipio, experiencia que se replicará en la I.E Las Palmas donde sus estudiantes participarán de talleres de sensibilización y actividades para promover el respeto y el amor por el municipio, pero sobre todo por ellos mismos.

A la campaña se han unido deportistas, artistas y profesores, quienes insisten en que se debe generar una cercanía entre los jóvenes y el municipio, puesto que lo que no se conoce es difícil de que quiera, que se cuide.

 

Yo amo a Itagüí

El letrero gigante sorprendió a muchos porque se asemeja a los que están en otras grandes ciudades, los niños al verlo reaccionan y de inmediato se acercan y se montan en las letras para tomarse una foto, para jugar, aunque los funcionarios de “cultura ciudadana” les avisan que está prohibido para evitar el deterioro del “Yo amo a Itagüí”.

¿Pero de qué se trata la campaña? Según el alcalde León Mario Bedoya, lo que se busca es que los habitantes conozcan y disfruten de los nuevos espacios con los que cuenta el municipio producto de la inversión en infraestructura en los últimos años, aunque también de los espacios culturales y deportivos.

“Queremos que la gente quiera más su municipio porque hemos notado que no todos lo respetan y lo cuidan. Sabemos de los problemas del pasado, pero Itagüí tienen una nueva cara, ha mejorado mucho y ahora la gente lo debe cuidar. Por eso iniciaremos campañas en colegios y acciones comunales, así como un concurso en redes sociales”, explicó.

Al parque llegó Érika Múnera quien desde hace 30 años vive en el barrio La Gloria. Llegó en compañía de su pequeña hija de cinco años, Luciana, quien tiene una discapacidad en una de sus piernas. Precisamente eso es lo que reconoce Érika que ha mejorado el municipio y por eso asegura lo ama cada vez más. “Veo que están invirtiendo mucho en parques y en andenes con accesibilidad para personas con alguna discapacidad física y eso es bonito porque antes no era así”, explicó.

Espacios como los parques El Artista, El Obrero y Ditaires se convirtieron en referentes y epicentros de reuniones familiares y amigos. Sin embargo, problemas como la movilidad, las basuras y la poca cultura ciudadana, son aspectos en los que se debe mejorar, explicó la mujer tras tomarle la foto a su pequeña hija.

Lo cierto es que ambos municipios buscan generar estrategias para que quienes crecieron allí o llegaron recientemente, cuiden cada barrio, cada calle, cada parque, pero también asuman comportamientos legales, no vender ni comprar sustancias alucinógenas ni consumirlas en parques o canchas. Demostrar que su municipio es como el hogar, que se protege, se defiende, se ama.