Uno de los muros del Cedezo de San Javier está rayado. Rayado porque cuando los grafiteros intervienen algo, rayan. Ese muro cuenta una historia,  sucedió hace once años y marcó la vida de quienes habitaban la Comuna 13 de Medellín por esos días, la historia de la Operación Orión.

Entonces si uno se para al frente del muro, en la parte izquierda, ve a un niño con los ojos enrojecidos que mira por un vidrio roto, seguramente a causa de una bala. La historia es la siguiente, y la contó Jesús Abad Colorado, el fotógrafo que tomó la foto referente de ese trazo.

-Usted qué hace en la ventana, córrase de ahí, le dijo el abuelo a uno de sus nietos.

El señor quedó detrás de la ventana rota, todo serio… Y cuando Jesús, el fotógrafo, lo miraba del otro lado del vidrio, vio unas sombras en el piso. Eran los niños reflejados.

Tres días se tardaron Dems, Rek, Zikra y El Perro en hacer el grafiti. «Buscábamos contar una historia, que no fuera un trabajo por ego, con un nombre… Lo que queríamos era ayudar a hacer memoria en el país, por eso se llama ‘Orión nunca más’», cuenta Daniel Felipe Quiceno, “El Perro”, uno de los grafiteros más importantes de la ciudad.

Su intención era clara y sigue vigente, gritar: ¡Esto no puede volver a ocurrir! Mostrarle a la gente que con el grafiti se puede hacer resistencia y memoria, que se puede rechazar una operación militar en la que, dicen ellos, tantos hermanos perdieron la vida.

¿De qué dan cuenta los grafitis? Se pregunta el periodista Sergio Ocampo en un trabajo de investigación que analiza el impacto generado por estos trazos. “Sin lugar a duda de una historia propia que recorre las arterias de la sociedad”, responde.

Según Sergio, el graffiti, “es una forma de hacer sentir la reflexión escondida en el acto ilícito de irrumpir sobre lo urbano y enajenar la pared.  Esa profundidad llega hasta el sentido mismo de la apropiación donde cada lectura de lo por ahí escrito, es asumido como una observación crítica o autocrítica y que a su vez transforma el contenido de cómo es recibido ese contenido”.

“Orión nunca más” es un masterpiece, dice El Perro, quien aclara que se le da este nombre porque además de tener letras, cuenta una historia. Él, junto a Dems y Rek, son los creadores de otro masterpiece que se impone en las paredes de La 13.

En el muro cinco jóvenes, todos fueron habitantes de La 13, todos murieron en distintas circunstancias y se desconocen las causas del asesinato de cada uno.

Con ese grafiti los recuerdan, les hacen honor. David medina de Son Batá, Chelo, Kolacho, El Gordo y Yhiel, raperos de la Comuna 13. Dicen que uno cruzó una frontera invisible, que tal vez lo confundieron porque llevaba puesta una capucha; que a otro se le subió el ego y a muchos no les gustó; ninguna muerte tiene explicación.

¿Por qué algunas personas siguen entonces relacionando el grafitero con el vándalo? Dice El Perro que esto está relacionado con la historia de graffiti, que es larga, y simplemente porque en algunas ciudades aún es prohibido, pero el grafitero transgrede estos preceptos.

“Ojalá todos los vándalos de esta ciudad fueran grafiteros”, señala El Perro. “Seremos los mismos grafiteros los que nos iremos ganando los muros de la ciudad, ya está pasando, acá en la Comuna ya lo logramos. Si nos ganamos también la confianza nos van a dejar de condenar”.

La 13 está rayada y seguirá rayándose, los grafiteros encontraron en este arte una manera pacífica de liberarse. “Es que cuando te enfrentás con el muro es un problema que tenés que resolver, te liberás y al final has canalizado un montón de energías”, aclara El Perro.

Quien desee conocer todos los graffitis de la Comuna 13, pueden hacer un recorrido por el Graffitour y allí, conocer otra mirada de la historia de esta zona de la ciudad. Para ello se pueden comunicar a través del correo jeihhco@parcharte.com.

 

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Fotos: Cuenta La 13