En el café de Otraparte saben que la mejor manera de disfrutar a Fernando González es con un tinto. Por eso, la bebida oscura, amarga y caliente es la que mejor representa al filósofo.

Otraparte —no solo el café, sino el conjunto de la casamuseo— es el acierto del pensador que viajó a pie. Un lugar que escondido entre árboles se blinda ante la ruidosa cotidianidad.

La casa, conservada con objetos, escritos y el mismo aire deseado por González se conserva como el tesoro que es. Decir otra parte es un punto de la ciudad señorial en el que los aires de tranquilidad, cultural, familiaridad y verde se unen.

Un aparte de la historia de este espacio, tomada del portal de internet de la Corporación Otraparte, señala que “Otraparte es el nombre que Fernando González dio en 1959 —el año de publicación del Libro de los viajes o de las presencias— a La Huerta del Alemán.

Con tal motivo hizo colocar en el pórtico una verja de hierro, cuya elaboración encargó a su sobrino Javier Restrepo González (…). La inscripción que la misma lleva en su parte superior, en hermosas letras de bronce, confiere al cambio de nombre de la Huerta un profundo significado, aparentemente enigmático, pero que se refiere a sí mismo, a su convicción acerca de los peligros del yo: ¡Cave canem seu domus dominum!, que quiere decir, ‘cuidado con el perro, o sea, con el dueño de la casa’.

Por el simbolismo que entraña, Otraparte fue considerada en su época por los conciudadanos del maestro como una denominación novedosa y tenida como signo de rebeldía. Efectivamente representa, ante todo, la evocación del vivir a la enemiga (…). Denota, por tanto, una actitud de independencia, de distanciamiento social y de búsqueda de sí mismo; e incluso, en lenguaje metafísico, el escenario escogido para continuar la realización existencial de ese ‘irse yendo’, que por lo demás define de modo tan preciso la vida del hombre”.

Y ahí está, con una pequeña entrada por la Avenida Fernando González, porque la vía que cruza por el frente de Otraparte debía llamarse como el filósofo.

Sin musas pero con ideas

Cultura. Otraparte respira de otra manera. Hay una dinámica en la que pensar, compartir y hacerse un ser cultural son premisas que se cumplen desde el momento que se entra a este espacio. Por el ingreso al café, también se siente ese aire. Se siente la presencia de González. Cada rincón tiene la esencia del “Eternista”, como llamó Gonzalo Arango al filósofo envigadeño.

Es seguro que acá no se encuentran musas inspiradoras, pero sí los aciertos y escritos que González pensó, repensó y reflexionó en vida.

Hay un capítulo adicional que se abrirá en Otraparte. Meses atrás se anunció la consolidación del espacio como parque natural. Según Gustavo Restrepo, director Ejecutivo de la Corporación Otraparte, allí se construirá un parque cultural,  un espacio para una biblioteca especializada en literatura y un auditorio con una capacidad para 200 personas. 

Sin embargo, Restrepo aclara que la Casa de Fernando González seguirá en pie. “Por supuesto que se conserva, pues precisamente el proyecto es un homenaje al maestro Fernando y a su casa, la cual será restaurada. La construcción será respetuosa y cuidadosa los árboles del terreno”.

Un gesto que le seguirá dando vigencia a las ideas de González. Sin duda, una apuesta para que el epicentro cultural que crece alrededor de la pequeña casa del filósofo siga madurando.

Ahora toma fuerza la frase “cuidado con el perro, o sea, con el dueño de la casa”, sus ideas, allí consignadas, son leídas y compartidas por muchos. El dueño de la casa, de Otraparte, sigue convenciendo a los que lo hojean sus escritos y a los ojean su recinto.

 

Andrés Velásquez

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