Cerca de dos décadas duró la línea del tranvía que iba de Medellín al sur del valle de Aburrá. En esa época, principios del siglo XX, la ciudad luchaba por sacudirse su pasado pueblerino.

Al levantarlo del piso en el que descansó por casi 60 años, Humberto Tamayo se dio cuenta del trabajo que tenía. “El tranvía traqueó por todos lados apenas lo monté en la grúa: en la traída se desbarató, en gran parte, porque la madera estaba deshecha”.

Refundido en una finca de La Tablaza –en Caldas– estaba el último tranvía de Medellín. Muchas personas creían que ya no quedaba ninguno y hasta decían que era pura invención de la gente que había uno en pie.

Las posibilidades eran pocas. Los vagones terminaron feriados luego del cierre del sistema: algunos quedaron en el Tranvía de Pereira, otros en estaderos o fincas  y los últimos como casas de familias pobres, entre ellas las de algunos motoristas que se quedaron sin trabajo, y sin pensión.

Por eso el orgullo del Museo del Transporte –del que Tamayo es miembro– tras su recuperación luego del Desfile de Autos Clásicos y Antiguos del 2012. “Lo sacamos así cansado, y al otro día en el taller comenzamos a trabajarlo”, recuerda Tamayo que describe al tranvía como un ser al que –de a pocos– le devolvieron la vida.

Parece un juego de la historia que el vagón restaurado haya salido de Envigado, el primer lugar del que desapareció este medio de transporte según la investigación de Alfonso Restrepo quien afirma que, muy posiblemente, para 1945 el tranvía ya no existía en este municipio.

El “posiblemente” se debe a que aún no hay un consenso entre los historiadores con respecto a esta fecha. La historia del tranvía en Envigado fue muy corta: duró máximo dos décadas y entraña la paradoja de ser la última línea en nacer y la primera en morir, por eso aún hay tantos vacíos que están por investigar.

Los automóviles sepultaron el tranvía

Humberto, quien también es uno de los fundadores de Lámparas Milán, cuenta que su padre tomaba el tranvía de las 10:00 p.m. para regresarse a Medellín luego de visitar a su mamá. “A ese le decían el tranvía de los enamorados, porque en él iban todos los que estaban haciendo visita (a sus novias) en Envigado”.

En esa época, finales del siglo XIX y principios del XX, Medellín daba todo de sí por dejar atrás la idea de ser un pueblo. El historiador Antonio Restrepo Botero sintetiza los ideales paisas del momento en las palabras progreso, desarrollo y modernidad.

El transporte era uno de los puntos claves que demostraba sus avances. Del tranvía halado por mulas, que fue fugaz y duró muy pocos años (existe una imagen de Foto Rodríguez que da cuenta de que a Envigado, La Estrella y Caldas llegaba en 1896 este medio de transporte), se pasó al tranvía eléctrico en octubre de 1921, cuando fue inaugurado.

El desarrollo aún iba ‘a pie limpio’. La imagen de la inauguración tomada por Benjamín de La Calle da cuenta de cómo la gente usaba traje y sombrero pero desconocía –en su mayoría– lo que eran los zapatos. Pese a ello, y con los años, las revistas de etiqueta comenzaron a dar lecciones a la clase alta de cómo debía vestir en este novedoso medio de transporte, al que la gloria le duró muy poco tiempo.

En 1925 fue inaugurada la estación de El Poblado, y en 1929 llegaron los rieles y los vagones hasta el costado occidental del parque de Envigado. La construcción de este último tramo del sistema compitió con la novedad de los automóviles, que terminaron sepultándolo y se convirtieron en el nuevo orgullo de los antioqueños.

El tranvía fue agotándose entre promesas incumplidas de servicio, velocidades y precios que no alcanzaban a competirle a las nacientes flotas de buses, y demoras en los itinerarios. Para 1939 el alcalde de Medellín Luis Mesa Villa, cuenta Antonio Restrepo, declaró “misión cumplida” la labor del sistema de tranvías. A partir de allí comenzó su ocaso.

Nadie quiso escuchar a la Sociedad de Mejoras Públicas, ni al urbanista Karl Brunner, quienes pedían en 1940 que mantuvieran el tranvía, que había nuevas tecnologías que lo harían eficiente. Fue en vano el esfuerzo, ya estaba aquí el “desarrollo”, que volvería 70 años después a darles la razón a ellos pues hoy  se construye un nuevo tranvía por la calle Ayacucho.

Humberto Tamayo cuenta que restaurar el viejo vagón ha sido su satisfacción más grande en la vida en cuanto a trabajos manuales. “Restaurarlo fue la nostalgia de regresar al tiempo ido, a esa Medellín importante, especial y clásica”, dice este hombre de cabello blanco que le dejó a la ciudad un regalo: el último tranvía que –como dice él– está alentado y fuerte, y que continúa cerca a la estación San Antonio del Metro, cerca al nuevo y moderno tranvía de Medellín.

Datos

  1. La Red del Tranvía cubrió a Medellín de oriente a occidente y de norte a sur, con extensión hasta Envigado. Hubo una época en la que incluso llegó al Oriente cercano (Rionegro).  
  2. El ingreso al tranvía costaba cinco centavos, con descuento para estudiantes.

En este facsímil de El Heraldo de Antioquia del 19 de julio de 1928, el periódico se queja porque aún no se hace el ensanche de la carretera que de Medellín va a Envigado. Su preocupación radica en “no impedir que el municipio de Envigado se comunique por ruedas de caucho con Medellín”, dice el texto.

 

Carlos Mario Cano R.

carloscanoperiodista@gmail.com