Diego Mesa Ochoa, el concejal de Envigado que alternó la política con su amor por la medicina, profesión que durante más de 40 años ejerció en su natal municipio del sur del Valle de Aburrá, al cual él mismo se refería diciendo con orgullo que era su “Patria chica”.

POR JUAN DAVID MORALES

“El médico del pueblo”, como era conocido, falleció  el pasado 2 de julio debido a complicaciones en su salud. La noticia sorprendió a sus vecinos, amigos y benefactores, quienes lo recuerdan por su legado social y entrega a las comunidades menos favorecidas.

“Siempre sacaba lo mejor de las cosas negativas para volcarlas a lo positivo. Nos inculcó todo a través del amor y por eso siempre lo voy a recordar como mi médico, mi amigo, mi confidente. Fue alguien que llenó muchos vacíos en mi vida”, recordó Sebastián Mesa Giraldo, su hijo mayor.

Alejandra Lopera, médica y sobrina del doctor Mesa Ochoa, recuerda a su tío por su sonrisa pese a los problemas y a su dedicación inagotable como médico. Asegura que atendió a cada uno de sus pacientes sin importar su condición social, incluso les regalaba dinero para comprar las medicinas, lo que le llevo a ganarse el respeto y el cariño de quienes pasaron por su pequeño consultorio o quienes conocían sus  obras. “Diego fue alguien muy juicioso, entregado a sus pacientes completamente. Era un médico muy acertado en sus diagnósticos y en sus tratamientos”, dijo la médica.

 

En cuerpo y alma

La medicina siempre la combinó con su fe. Sus familiares y amigos lo recuerdan como un hombre creyente y espiritual, perteneció a la Cofradía de la Virgen del Carmen de San José de Envigado e incluso encontraba el alivio a los dolores de sus pacientes en el cuerpo y el alma.

Una de sus amigas más cercanas, y paciente, fue Johana Marulanda. Asegura que le asombró ver su entrega por los demás, buscando solucionar sus problemas y olvidando los suyos, de lo que fue testigo durante los 18 años que lo acompañó su vida política. Dice que se convirtió en un padre para ella.

“Nunca le importaron los lujos, era muy humilde. A Diego le dolían mucho las situaciones de las personas, se compadecía del dolor ajeno y sus pacientes  encontramos en él un gran respaldo para salir de varias adversidades que la vida nos presentó”, dijo Johana.

Como político, Diego Mesa Ochoa estuvo en el Concejo de Envigado durante más de 25 años, llegando a ser incluso el presidente de esta corporación.  Además, fue alcalde del municipio y también tuvo la oportunidad de ser congresista de la República.

Pero nunca olvidó su gente así estuviera en reuniones o en sesiones políticas. Los miércoles atendía en su consultorio a los habitantes de calle del municipio y les regalaba a cada uno dos mil pesos. Los viernes visitaba el asilo para examinarlas, visitarlas y saludarlas. “Recuerdo que cada año él les organizaba una gran fiesta en la que habían orquestas, premios, comida y hasta el mismo Diego se encargaba del show, cantándoles a estas personas canciones que le salían del alma y entre las que no le podían faltar Dame tu mujer José y El Aguardientero”, manifestó Luis Alfonso Mesa, uno de los amigos más cercanos.

Magnolia Giraldo Duque, su esposa y madre de tres de sus hijos, confesó que además de perder a su compañero de vida, siente dolor al saber que perdió un hombre que siempre buscó que su comunidad tuvieran una mejor calidad de vida.

“Estando en el Concejo de Envigado su mayor compromiso era ver que su ciudad progresara, pero no a cualquier costo, sino un progreso pensado en la calidad y el buen vivir de todos quienes acá vivimos. Creo que es uno de los envigadeños más ilustres, además de ser alguien muy auténtico, de esos que salían a caminar de sombrero y carriel a comer chorizo, empanaditas y arepita envigadeña”, dijo Sebastián.

Nunca entendió la necesidad de dividir la humanidad en clases sociales y por eso dentro de sus gestiones en lo público está el Parque Ecoturístico El Salado, lugar el cual visionó como un lugar de encuentro en familia para todos los habitantes del municipio sin importar el estrato y el que lo hizo sentir orgullos hasta el último día de su vida.

Su curul ya fue ocupada por otro concejal, tal y como lo establece la ley, pero para muchos su legado será imborrable e irremplazable. Todos los que lo conocieron coinciden en que el mejor homenaje que se le podría hacer a la memoria del médico Diego de Jesús Mesa Ochoa sería la creación de un instituto o de un hogar sin ánimo de lucro en su nombre, el cual atienda a la población más vulnerable, en especial a las personas de la tercera edad, quienes siempre fueron el interés del médico de los envigadeños, el galeno que sólo cerró su consultorio el día de su muerte.