El laureado actor del cine Jack Lemmon (1925-2001) dejó los cómodos territorios de la comedia blanca de Hollywood, en los que se movió durante la mayor parte de su carrera para interpretar, en 1982, el papel del padre del periodista estadounidense Charles Horman, desaparecido por la dictadura chilena pocos días después del golpe militar de 1973.

Horman, cuya historia fue real, había sido capturado por la inteligencia militar chilena, a la salida de su casa, y llevado a las tribunas del Estadio Nacional de Chile, donde, con –se calcula- más de 40 mil personas, estuvo detenido y luego fue desaparecido (tal vez fusilado).

La historia del periodista (al que se le calificó con el benigno adjetivo de «idealista» por la gran prensa de su país), fue convertido en una novela por Thomas Hauser (con el título de The Execution of Charles Horman) y llevada al cine por el director Costa Gavras con el nombre de Missing y ambos, libro y película, son de los pocos documentos que quedan sobre las detenciones-desapariciones que sucedieron entre el 12 de septiembre y el 9 de noviembre de 1973 en las instalaciones del Estadio Nacional de Chile, el mismo donde fanáticos, turistas y comentaristas deportivos, celebran las victorias de la selección chilena de fútbol masculino mayores.

Ese escenario –uno de cuyos rincones rinde, hoy, homenaje a las víctimas de esos delitos de lesa humanidad cometidos por agentes del Estado chileno-, sin embargo, hace parte de la historia de ese país y no solo ha estado vinculado a las victorias australes en eventos deportivos.

 

Juegos, delitos y canciones

El estadio, situado en la localidad de Ñuñoa –al oriente de Santiago- fue construido en 1937 e inaugurado en 1938, con una capacidad inicial de 70 mil personas, que se ampliaría para el Mundial de 1962 a 95 mil personas. Ya para entonces, (hace 53 años) fue el escenario de la final del evento orbital que vio coronarse al seleccionado de Brasil (con la ausencia de su mayor estrella, Edson Arantes Do Nascimiento –Pelé-) frente a la selección de la antigua Checoeslovaquia.

El estadio volvió a la notoriedad en 1973 cuando la dictadura del general Augusto Pinochet Ugarte decidió convertirlo en centro de detención provisional. El golpe militar, dirigido y financiado por la CIA y ejecutado por el alto mando militar, derrocó al gobierno, electo democráticamente, del médico Salvador Allende Gossens, de clara orientación socialista –el primero de su condición electo por voto popular en el mundo- y cuyo programa de nacionalizaciones de los más importantes recursos económicos terminó por ganarle la animadversión del gobierno de Richard Nixon. El secretario de Estado, Henry Kissinger, llegó a decir públicamente que «el pueblo chileno se equivocó con esa decisión y no estaba maduro para elegirlo» en una evidente justificación de la intervención de Washington en los asuntos de ese país.

El Estadio Nacional fue usado como centro de detención durante las primeras semanas de la dictadura en especial porque sirvió para reunir a los habitantes de las localidades cercanas donde se concentraban los principales apoyos populares al gobierno de Allende, que fueron llevados en forma masiva a las tribunas pero, una vez organizados los centros de detención, tanto los conocidos como los clandestinos, esas instalaciones regresaron a su oficio principal: ser la sede semanal de los juegos del club de la Universidad de Chile así como para los partidos de la selección nacional.

Años después, en 1987, el estadio fue usado por el papa Juan Pablo II para su «encuentro con los jóvenes», una de las actividades dentro de la visita pastoral que hiciera a ese país, dentro de una campaña de acercamiento a esas poblaciones (algo que también hizo en el estadio Atanasio Girardot, durante su visita a Medellín en 1986, un año antes de su viaje a Chile).

El estadio volvió a ser el primer escenario de una concentración masiva en Chile (por fuera del Festival de Viña del Mar) cuando se realizó un concierto de la estrella del pop británico Rod Stewart y al que asistieron más de 70 mil personas en 1989.

Los registros estadísticos dicen que es el Estadio que ha sido usado para el mayor número de finales de torneos internacionales de fútbol –después de la Bombonera, en Buenos Aires- y que sus instalaciones han visto pasar a artistas tan disímiles como el cubano Silvio Rodríguez con el jam sesión de Irakere, Lady Gaga o One Direction.

 Sin embargo, todavía hay quienes recuerdan que ese magnífico coliseo deportivo fue usado durante doce semanas como un campo de concentración para perseguidos políticos. Y no se sabe si eso es una marca de infamia o un recuerdo de los mártires de la dictadura. O ambas.

Octavio Gómez V.

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Fotos:Cortesía