“El Aburrá es un humilde, un ignorado, un agua sin nombre. Como los buenos y sencillos trabaja en silencio y en la oscuridad, y trabaja ¡Dios lo sabe! Él riega y fertiliza los campos de esta villa que quiso darle un nombre”. Así se refirió Tomas Carrasquilla en 1919 al lugar donde nace el río Medellín, el río Aburrá. Tal vez fue esta una de las motivaciones para conocer este lugar.

 

Cada fin de semana decenas de personas llegan hasta la vereda La Clara, en Caldas, para conocer el nacimiento del afluente que cruza nuestra ciudad, el mismo que en medio de la urbe se torna de color oscuro, con la promesa de verlo limpio y de poder beber de su agua.

Los primeros kilómetros que recorre el río Aburrá están protegidos bajo el nombre de un santo: el Alto de San Miguel, un refugio de vida silvestre que fue establecido como reserva ecológica en 1993 y posteriormente, en 2001, declarado como Refugio de Vida Silvestre y Parque Ecológico Recreativo por el Concejo Municipal de Caldas.

Sus 2800 hectáreas, en medio de bosques y niebla, están ubicadas en las veredas La Clara, La Salada parte baja y el Sesenta en el suroriente de Caldas, a 30 kilómetros de Medellín.  Allí nacen cuatro quebradas que, al unirse conforman, el río Medellín- Aburrá: La Amoladora, El tesoro, Santa Isabel y La Vieja. Cuenta con una biodiversidad propia y gran cantidad de fuentes de agua que facilitan la supervivencia de las diferentes especies que lo conforman. 

Según una investigación de Corantioquia, en este refugio habitan 162 especies de aves, entre las que sobresale el Cacique Candela (símbolo de la reserva), el  Manaquín de Cabeza Amarilla, el Vientre Rojo y el Toche Enjalmado, todas ellas en peligro de extinción.  Además, conserva el 16% de la diversidad de flora y fauna del país.

Por ello Corantioquia adelanta la última fase para lograr que el Alto de San Miguel sea declarado como reserva regional antes de junio de 2014, lo que la convertiría en la quinta de Antioquia. Ello implica la zonificación de los suelos, la ampliación del perímetro de protección y el aumento de los recursos para su resguardo.

Según Lida Patricia Giraldo, subdirectora de ecosistemas de Corantioquia, las áreas de conservación permitirán reforzar la protección de las zonas que abastecen de agua el valle de Aburrá, así como lograr mayores inversiones para preservar la flora y fauna.

Entre las principales funciones de las áreas protegidas, están la conservación del recurso hídrico y de la biodiversidad que contribuye a la salud y seguridad alimentaria, así como a la prevención y mitigación de desastres naturales y la estabilidad climática.

De aprobarse el documento técnico, el cual estará listo en el primer semestre del próximo año, se reforzará la protección del nacimiento del río Aburrá-Sur.

 

Por: Alejandra Santacruz Arenas