Aunque la capoeira es una arte marcial brasilero, tiene sus orígenes en el África, lugar de donde llegaron todas las negritudes a nuestro continente producto de la esclavitud. Es por ello que, aunque fue desarrollado y mantenido en Brasil, es una expresión que evoca gran parte de la historia de nuestros orígenes como cultura latinoamericana y afrodescendiente.

Sus orígenes se remontan al siglo XVI aproximadamente, cuando los esclavos se reunían en los Quilombos (lugar donde se asentaron los negros que escapaban de sus señores) y allí practicaban las primeras expresiones de la Capoeira, con el propósito de mantener un buen estado físico, conservar sus costumbres y aprender a defenderse.

El primero de los Quilombos reconocidos históricamente se llamó “Palmares” dirigido por Zumbí, quien luchó además por la libertad, lo que lo consolidó como el padre de la capoeira. Allí, una comunidad grande de negros fugitivos esclavos compartían sus costumbres y hablaban sus dialectos africanos. Posteriormente este lugar fue emboscado y millares de negros huyeron siendo atrapados y degollados, y muere Zumbí.

Solo 200 años después fue posible el sueño de libertad y se logró la abolición de la esclavitud, pero la gran mayoría de negritudes quedaron sumidas en largos tiempos de ocio, puesto que no estaban preparados para trabajar ni desempeñar funciones diferentes a las que hacían como siervos sometidos.

Así se empezaron a formar las maltas de capoeira, grupos de resistencia que dominaban ciertos territorios y que fueron más adelante utilizados por los movimientos políticos para delinquir en función de su beneficio, provocando que fuera prohibida iniciando la década de 1910.

Dos décadas después, el Mestre Bimba retoma la práctica de la capoeira pero ya como deporte y arte marcial, para luego ser declarada patrimonio cultural e inmaterial de Brasil y la humanidad.

 

Capoeira con sentido social

Ana Mejía Botero, vive en Envigado, tiene 31 años de edad y practica la capoeira desde hace siete meses tras pasar por varias artes marciales y disciplinas deportivas. En ella encontró la mezcla de tradición, disciplina y cultura.

Aunque esta disciplina llegó a Colombia apenas hace dos décadas, su práctica se ha expandido por las principales regiones del país a través de diferentes clubes, incluido el Capoira Nagó, fundado en 2001 en Brasil, en 2005 en Colombia y un año después en Medellín.

Pero Nagó trasciende la mera disciplina deportiva y pretende, a través de su Fundación Fundec Nagó, llegar a los sectores más vulnerados de las comunas 8, 9 y 10 de Medellín y promover el respeto y la convivencia entre los más jóvenes de estos barrios.

“La Fundación nace el 4 de diciembre de 2012 con el propósito de generar sentido de responsabilidad por el cuerpo propio, por su desarrollo y generador de valores con el otro, entre niños de 4 y 14 años que son vulnerados en sus familias o entornos”, explica Ana.

Por ello esperan que la empresa privada se vincule con esta iniciativa y apadrine algunos de los 120 niños que resultarán beneficiados del programa (Facebook: Fundec Nagó), con el cual, así como hizo la Capoeira con la esclavitud, sea un motor para la liberación de la violencia, esa que muchos jóvenes viven a diario en los barrios de la ciudad.

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