Esta es la historia de cómo Fabiola Calle, una paciente que estuvo al filo de la muerte, logró sobreponerse al Covid19. Algunos dicen que lo que sucedió con la famosa cantante se trató de un milagro. La ciencia hizo lo propio.

POR CIUDAD SUR | ABRIL 24 DE 2020

Para los médicos, Fabiola Calle, del dueto Las Hermanitas Calle, era un enfermo ‘against all odds’, que al castellano traduce contra todas las probabilidades de sobrevivir.

Su cuerpo llegó infectado a Colombia el lunes 16 de marzo y ella misma se encargó de hacérselo saber a las autoridades en el control migratorio del aeropuerto José María Córdova en Rionegro –a 50 kilómetros de Medellín-.

Al bajarse del avión, manifestó sentir la cabeza a punto de estallar, un dolor que le apretujaba la garganta y una fiebre que le consumía las entrañas. Sus ojos se veían pesados, como si hubiera pasado en vela noches enteras; apenas si tenía fuerzas para caminar.

Síntomas similares manifestó Lina Barrientos, su compañera en el dueto, al regresar de una gira musical en Estados Unidos.

Aunque en ese momento no lo sabían, un virus –el SARS COV, que produce la Coronavirus Diseased (enfermedad del coronavirus –COVID-19)- y sus sistemas inmunológicos ya se batían en una feroz batalla.

Con la sospecha de que ambas eran pacientes positivos con la cepa, las autoridades les pidieron aislarse de inmediato, por lo que las dos se trasladaron al barrio Santa María en Itagüí, a la casa en donde Fabiola vivía sola y en la que podría mantener a su único hijo, Jaime Andrés, a su nieta y a su nieto, a sus hermanas y demás seres queridos lejos de la posibilidad de un contagio.

En el encierro, contrario a lo que sucedió con Lina, la salud de Fabiola se quebró en mil pedazos, entonces las dos decidieron publicar un video en redes sociales el viernes 20 de marzo para implorarles a la Gobernación de Antioquia, la EPS Sura y el Gobierno Nacional una prueba urgente y recibir atención oportuna. Pero ya era tarde.

Habían pasado cuatro días desde la llegada de las dos artistas al país y el coronavirus ya mostraba evidencias de su arrasador paso, tal y como lo describieron las escritoras científicas Meredith Wadman, Jennifer Couzin-Frankel, Jocelyn Kaiser y Catherine Matacic en la revista Science: “Una vez dentro, el virus secuestra la maquinaria de la célula, haciendo innumerables copias de sí mismo e invadiendo nuevas células”.

Es decir, una manera similar a la que actúa el VIH, otro virus que ataca el sistema inmunológico del ser humano, explica el galeno y científico John Estrada, quien es el secretario de Salud de Sabaneta.

Este experto, que asegura haber participado en más de 150 publicaciones científicas, describe el movimiento del coronavirus como una fuerte disputa contra la hemoglobina –que es la parte de la sangre que transporta el oxígeno- para quedarse con esa vital sustancia.

“Eso origina una falta de oxígeno en los órganos, por eso Fabiola se sentía cansada, con malestar”, asegura el Estrada.

Además, el diminuto organismo en ese momento ya se había apoderado de la tráquea de Fabiola, instalado en sus pulmones y afectado ostensiblemente el intercambio gaseoso que se da entre las células de su sangre y los alveolos, una membrana que evita que esa parte del cuerpo se inunde de líquido.

Lo que llevó a que, inevitablemente, Fabiola tuviera que ser remitida en ambulancia de urgencia a un hospital.

La cantante sentía que su hora había llegado. “Ella tenía miedo. Le veía en sus ojos el pánico, no me lo tenía que decir. Yo sabía que mi hermana estaba asustada. Ella me lo gritó cuando iba para cuidados intensivos: ora por mí, me dijo”, recuerda Sol Ángel, una de sus nueve hermanos.

Esa misma noche los médicos iniciaron una tarea titánica para sacarla del precipicio en que el virus la había dejado. Primero, la conectaron a una pipeta de oxígeno, pero al ver que esto no funcionaba llevaron el tratamiento al extremo.

Le pidieron a Sol Ángel firmar documentos que les permitieran inducir a Fabiola al coma, practicarle una intubación endotraqueal, que no es más que instalarle un tubo desde la boca hasta la traquea, y así ayudarle a su sistema respiratorio a tomar de un respirador artificial el aire que sus deteriorados pulmones necesitaban.

Sin dudarlo, la menor de los Calle –dos de ellos ya fallecidos- estampó su firma y lamentó el vicio que por años tuvo su hermana de matar el tiempo quemando cigarros.

Fabiola, inconsciente, era vigilada por cuatro médicos, enfermeros y especialistas que se dedicaron día y noche a leer la literatura médica que llegaba desde Italia, España, Estados Unidos y China y tener una idea más certera sobre cómo arrebatársela de las manos a la muerte.

Uno de esos textos les sugirió a los galenos que pronarla –es decir acostarla boca abajo- ayudaría a que el oxígeno proporcionado por el ventilador artificial llegara con más eficiencia a los alvéolos y podría abrir un camino a su recuperación.

“Ese es un acto desesperado para salvar una vida. Una medida extrema, pero la poca literatura médica que se ha escrito sobre este virus, que nos sorprende todos los días, sugiere que puede servir en algunos casos, como ha sucedido con varios pacientes en Italia,”, afirma Alejandro Gómez, cirujano de la Universidad de Antioquia, docente de traumas y cuidados cardiovasculares de la Universidad Adventista de Medellín y director médico del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Sabaneta.

Treinta días después de su espantosa salida de casa, Fabiola seguía internada pero con un pronóstico alentador: el personal médico había erradicado del cuerpo de la cantante la enfermedad que brotó un mercado de Wuhan, en China, y que acorraló en cuatro meses a más de 180 países con 2,5 millones de contagios y unas 170 mil muertes.

Tan solo bastaba monitorear sus demás órganos para estar seguros de que su humanidad no volvería a colapsar.