Dos bebés que resultaron contagiados con coronavirus fueron salvados por el personal de la unidad de cuidados neonatales en Caldas, la misma que hoy está en riesgo de desaparecer por las millonarias deudas de las EPS. Esta es su historia.

Por: Paula Bernal

En una incubadora millones de recién nacidos han ganado su primera batalla. A pesar de la fragilidad de su cuerpo, la mayoría de ellos han soportado la ayuda de un tubo de respiración y varios elementos conectados a su cuerpo para poder vivir.

Las Unidades de Cuidados Intensivos Neonatal se convierten en ese refugio de los bebés prematuros o con múltiples patologías al nacer, sin embargo, la poca “rentabilidad” ha generado que poco a poco vayan desapareciendo.

En el municipio de Caldas, hace seis años un grupo de profesionales de la salud decidió enfrentarse a uno de esos proyectos de baja rentabilidad económica, pero con mucha rentabilidad social.

Con la esperanza de salvar las vidas de los más pequeños nació la UCIN PROCAREN, la cual funciona dentro de las instalaciones de la ESE Hospital San Vicente de Paul. Gracias a esta institución cientos de recién nacidos, especialmente del Suroeste antioqueño, han tenido atención oportuna al nacer.

Pero no han sido ajenos a la crisis de la salud, hoy en medio de la pandemia por el Coronavirus, están asfixiados por las deudas de las EPS, algunas incluso ya liquidadas. La cartera en esta institución supera los 2.500 millones de pesos. A su vez, la falta de liquidez ha generado deudas con proveedores, en el pago del uso del espacio al Hospital local por un valor cercano a los $1.100 millones, y también hay retrasos en el pago del salario de los más de 34 profesionales de la salud que allí laboran.

“El personal asistente es de alma, lloran, lloran la Unidad, la lloran porque sabemos que estamos en agonía”

Estas son las palabras de César Alberto Orozco, médico pediatra y  neonatólogo de la Unidad, quien ha dedicado más de la mitad de su vida a salvar vidas a aquellos que apenas llegan a enfrentar los retos de este mundo. Al doctor Orozco lo define su sensibilidad por los bebés, les habla, los cuida, sabe perfectamente cómo actuar en cada caso y ante alguna alerta actúa con tranquilidad y da instrucciones a su equipo. Allí ya están acostumbrados a tratar la sensibilidad de un cuerpo de tan solo 1.800 gramos o un poco menos.

Es el dueño de un gran corazón y no lo define su corta estatura, para hablar de la amplia trayectoria en la creación de unidades maternas y neonatales, pero hoy en sus ojos hay impotencia, por enfrentarse a lo que él considera injusto.

“¿Por qué se cierran las unidades neonatales? Porque la salud materna no es rentable y cuando hablamos de rentable es que se pueda sostener para salvar vidas. Aquí en Colombia la violencia genera más dinero, el cáncer, el trauma, que la misma salud de los niños, sabiendo que los niños son el primor de una sociedad mejor”, expresa el doctor Orozco.

Como si fuera poco, en medio de la pandemia y sin los recursos suficientes, debieron iniciar adecuaciones en la unidad para poder aislar a los neonatos contagiados con el coronavirus. Y aunque la incidencia de contagios en este grupo poblacional es baja en el mundo, allí ya han llegado dos recién nacidos contagiados.

El personal de la salud se adecuó a facilitar las visitas virtuales de las madres a través de videollamadas. No importó que estuvieran en Támesis y en Apartadó, tuvieron que separarse de sus hijos recién nacidos, quienes dieron positivo a la prueba de Covid-19.

“Superé el coronavirus”, con ese mensaje fueron dados de alta los dos bebés que llegaron hasta esta unidad. Uno de ellos, proveniente del municipio de Apartadó en el Urabá antioqueño y quien permaneció en cuidados intensivos durante 19 días. “Le doy gracias a todos los médicos por entregarme a la niña sana y salva”, solo alcanzó a decir Julia Páramo, madre de la pequeña.

Esta es tan solo una de las historias de tantos niños que llegan hasta esta Unidad de Cuidados Intensivos que, por cuestiones de la vida, hoy se encuentra en estado de coma.