POR JULIANA VÁSQUEZ POSADA

Cerca 30 voluntarios se relevaron durante más de 70 días para mantener vivo un campamento 24/7 en señal de protesta por la tala de más de 100 árboles en el túnel verde de Envigado. Así se vivieron los días en este campamento en plena zona urbana de la ciudad, que fue desmontado por la emergencia sanitaria del Covid-19.

MARZO 18|2020

Cualquier persona que haya acampado alguna vez, sabe que ese es un plan ‘de hacha y machete’, en el que la ausencia de servicios sanitarios, de camas, cocina y otras comodidades del hogar, son las variables indispensables para hacerlo un plan auténtico. 

Pero ¿qué pasa cuando es urbano y no es un plan de una noche ni de un fin de semana?, ¿qué pasa cuando se vuelve un plan permanente a un costado de una vía principal y a plena vista de toda la ciudad? Las respuestas las saben bien los voluntarios del colectivo Túnel Verde, que estuvieron 74 días con su campamento las 24 horas del día en las instalaciones del parque cultural Otraparte.

El área era pequeña, apenas con espacio para un par de carpas, una mesa y una improvisada ‘sala de reuniones’ sobre el césped con un mantel y unos cuantos cojines. Pero allí no hubo lugar para el caos, siempre reinó el orden, porque el aseo se convirtió en una regla implícita desde el primer día, aquel 4 de enero, cuando se instalaron tras la tala de un centenar de árboles en el corredor de la Carrera 43 A para reactivar las obras del tramo 2B del Metroplús.

Cuando llegaba un transeúnte curioso lo invitaban a pasar. Y si llegaba a la hora precisa, le ofrecían una aromática caliente hecha con una receta envidiable: moringa, pronto alivio, estragón anisado, un poco de panela y limón. La ofrecían en pocillos de cerámica para evitar el consumo de plásticos de un solo uso y lo invitaban a sentarse en la mesa o en la sala de reuniones. Algunos trozos de troncos de los viejos árboles talados sirvieron como sillas y como una forma de nunca olvidar.

Eran las cinco de la tarde, en guardia estaban Víctor Rincones, Julieta Cruz y un par de voluntarios más, luego llegarían otros líderes como Hilda Castaño o doña María Elena. Víctor es envigadeño, docente, ya jubilado, y vecino del ‘túnel verde’. Julieta en cambio vive en San Sebastián de Palmitas, es psicóloga, pero sobre todo activista, y asegura que no necesita ser envigadeña para estar allí, “porque la emergencia climática es un problema mundial y lo que pasa aquí nos afecta a todos”.

Este profe, ambientalista de corazón y por pura pasión, usó el ‘túnel verde’ durante años como su gimnasio al aire libre. En una de sus caminatas posteriores a la última tala, le conmovió el paisaje, se acercó al campamento a ofrecer su conocimiento para dictar un taller de conciencia ambiental y desde aquel día se quedó. 

En las carpas nunca hubo espacio para todos. Una fue usada como espacio de descanso o de meditación, pero casi nunca como refugio para largas horas de sueño, allí no cabían más de tres personas. Por eso, quienes se quedaban en la noche eran relevados en la mañana para que pudieran ir a sus casas a dormir un rato, darse una ducha y regresar a sus trabajos. “Aquí no somos unos vagos como nos grita mucha gente. Entre los voluntarios hay mucha gente empleada y los que no cumplimos horario, además de estar aquí en señal de resistencia, cumplimos la misión social de servir de desahogo para toda esa gente llena de rabia que viene a quejarse y a gritarnos”, aclaró Víctor entre risas.

En una segunda carpa, un poco más pequeña, adecuaron la bodega con todos los implementos de cocina y la reserva de alimentos que aportaron los voluntarios y los vecinos de las urbanizaciones más cercanas, “aquí sentimos la solidaridad de toda la comunidad, nos trajeron galletas, aromáticas y otros alimentos para que pudiéramos cocinar”, explicó Julieta, mientras señalaba un pequeño fogón eléctrico de una sola parrilla, en el que preparaban lentejas o pastas para almorzar y varias tandas de aromáticas al día para amenizar las conversaciones, todo gracias al servicio de energía que, generosamente, les facilitó la Casa Otraparte.

Pero lo más curioso de este campamento es que se convirtió en un escenario de encuentros académicos y culturales. Conferencistas de diversos temas ambientales, sociales y culturales, músicos, artistas plásticos, maestros de yoga, bailarines, entre otros, donaron su talento y su conocimiento durante más de dos meses para darle vida a las noches del campamento con una oferta de actividades gratuitas para toda la comunidad.

Este símbolo de lo que estos activistas llaman “resistencia y desobediencia” iba a permanecer en pie hasta que “la administración escuche nuestras peticiones”, aseguró sin titubear Hilda Castaño, abogada y líder de esta iniciativa. Pero ni acciones como esta son ajenas a la emergencia sanitaria que enfrenta el país, por eso, el campamento fue desmontado este 17 de marzo, “con un inmenso convencimiento de que hemos obrado en derecho y con un profundo respeto y amor por la comunidad, y por todas la formas de vida”, informó el Colectivo.

Ellos, aseguran, continuarán sus acciones y reclamaciones por vías legales hasta que su solicitud de rediseño del tramo 2B de Metroplús sea atendida, pues, agrega Castaño, “nosotros no estamos en contra del desarrollo, pero creemos que puede hacerse sin dañar al medio ambiente y sin afectar la calidad del aire, que nos pertenece a todos”. 

Otras voces del ‘túnel verde’

  • “Envigado ya expidió el CDP para la adición de $952 millones para el reinicio del contrato de interventoría. Inicialmente, ellos deben resolver una reclamación pendiente desde hace 6 años del contratista de obra y una vez se resuelva, se reactivará la obra. Este proceso podría tardar unos 2 meses a partir del reinicio del contrato de interventoría”, Metroplús S.A.
  • “No podemos frenar el desarrollo cuando la obra mantendrá el 60% de los árboles. Nosotros mismos nos comprometemos a ser veedores de que se siembren todos los que exige la compensación”, Héctor Ignacio Pérez, ciudadano de defensor de los diseños actuales de Metroplús.
  • “La obra no se puede parar, porque eso es frenar el desarrollo. Ya le ha pedido a Metroplús que comience a ejecutar la obra, pues Envigado ya perdió 14 mil millones de pesos y no podemos perder un peso más”, Braulio Espinosa, alcalde de Envigado.