Hace cinco años que don William Echavarría fue abandonado por sus familiares. Este hombre de 59 años que estudió hasta quinto de primaria, trabajó como operario y luego sufrió una enfermedad que lo dejó con movilidad reducida. Encontró refugio en el Hogar del Desvalido de La Estrella donde fue acogido.

Desde allí, con una mirada de nostalgia, recuerda a sus seres más queridos. “Hijos míos, queridos, espero que se acuerden de mí, de su papá.  Y a sus hijos, cuando vengan que me los traigan a ellos, para yo poder charlar con los nietos”, dijo sentado al frente de la casona mientras tomaba el sol.

Él, al igual que otras 69 personas, entre ancianos y pacientes con diferentes padecimientos, están en riesgo de quedarse sin la que ahora es su familia debido a que este hogar debe cumplir con requisitos como un equipo interdisciplinario con profesionales como psicólogos, gerontólogos y enfermeras, pero no hay recursos para tal fin.

Desde los jardines que rodean esta casa, en la que  15 hermanitas de los desvalidos cuidan de los pacientes con enfermedades físicas y mentales, la superiora del hogar, Magnolia Rodríguez, asegura que mensualmente necesitan por lo menos 50 millones de pesos para el sostenimiento, recursos con los que no cuentan actualmente.

“La parte económica es muy complicada por el momento. Hay compromisos por cumplir y no tenemos con qué”, manifiesta.

Para algunos de los profesionales, como la auxiliar de enfermería Rocío Carmona, la situación cada vez es más preocupante: “Llevamos vario tiempito sin el pago, en este momento las hermanas no tienen con qué pagarnos”,  expresa a la vez que destaca que las religiosas siguen en su esfuerzo por cumplirle a ellos y no abandonar a quienes más las necesitan.

El Hogar hasta ahora ha sobrevivido con las donaciones y debido a los requerimientos de las autoridades, que implican más recursos, han habilitado la cuenta de ahorros Bancolombia 10 332 58 01 61 para quienes deseen colaborar. Al parecer solo eso, la solidaridad o un milagro, podría evitar que los 70 abuelos y pacientes, queden nuevamente en total abandono.

POR CRISTINA MONSALVE