La Doctora de Sabaneta, de vereda a gran ciudad

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El auge constructor del Valle de Aburrá se sintió con gran intensidad en Sabaneta. En los últimos 10 años sus veredas cambiaron el verde de sus montañas por el gris de grandes edificios que las convirtieron, en un abrir y cerrar de ojos, en una gran ciudad. El nuevo PBOT pretende frenar y controlar el crecimiento urbanístico.

POR JULIANA VÁSQUEZ POSADA | 6 NOVIEMBRE 2019

Tres generaciones de los Molina están reunidas en lo queda de la primera casa de la familia. Es la casa #29-107 de la calle 75Sur, en la vereda La Doctora de Sabaneta. La casa está ubicada sobre la vía principal y al frente tiene la vista de un edificio nuevo de cinco pisos que se impone como queriendo permanecer en un lugar que no está hecho para él.

La casa fue construida de nuevo en la mitad de la que fue su antigua casa, pero justo al lado permanece para el recuerdo la baldosa amarilla y roja propia de las construcciones de hace más de medio siglo y la ventana principal, con la misma madera de siempre, en la que se sentaban a mirar los platanales y cafetales que tenían en frente y que abundaban en la vereda.

Juan Pablo Arango Molina vive con su familia en el segundo piso de esta casa. En el primero vive su tío Fabio Molina Jaramillo con su esposa. Al lado, a unas cuantas casas vive la abuela de Juan Pablo y cruzando la calle, un poco más arriba, casi llegando a la fonda La Yoconda, vive Hernando Molina, su tío abuelo, el primero en llegar a vivir allí en compañía de sus papás y de 11 hermanos, todos hombres. Era 1949.

Vinieron desde Las Lomitas, otra vereda de Sabaneta, para hacer lo que ya sabían hacer: montar una tienda y vivir de ella y de la arriería. En Las Lomitas se quedó la tienda Las Brisas, que ya tiene más de 100 años y sigue siendo de la familia. En La Doctora montaron una tienda sin nombre, que años después un cliente llamó La Yoconda, que luego se convirtió en fonda y que hace dos años dejó de ser de los Molina.

Juan pablo ha vivido sus 22 años de vida en esta vereda. No tuvo la fortuna de sus tíos Fabio y Hernando de disfrutar la vida rural, los amaneceres, el aire fresco, las tardes silenciosas y la verdadera vecindad con otras familias antes de que los primeros asomos de la vida urbana llegaran hasta su vereda a solo unos kilómetros de la centralidad.

Ni Hernando ni Fabio se imaginaron nunca que su vereda terminaría tan urbanizada como hoy lo está, ni siquiera en los tiempos en que Sabaneta dejó ser un corregimiento de Envigado, por allá en 1964.

“Cuando bajamos a vivir a esta vereda, apenas había un camino pequeño por el que cabían las bestias, todo era rastrojo y cafetales, y unas cuantas casas viejas en las que vivían familias con muchos hijos, como nosotros”, recuerda Hernando, quien ahora vive solo y se dedica a cuidar un pequeño jardín que construyó en su casa.

La vereda la Doctora debe su nombre a la finca del reconocido jurista José Félix de Restrepo y no a los poderes sanadores de la quebrada, como dice el mito. Eran tiempos en que todos los vecinos se conocían entre sí, cada familia era como una pequeña tribu que se reconocía con el apellido. Los Palacio, los Jaramillo, los Yepes, los Gómez, los Múnera, los Rodríguez, por nombrar solo algunas, “todos éramos muy cercanos, hoy muchos se han ido y muy poquitas casas permanecen. Y está, por ejemplo, el caso de los Henao, que vivían más arriba, y los hijos comenzaron a construir sus casas ahí mismo y ahí siguen, y hoy ese sector se conoce como la loma de los Henao”, recuerda Fabio.

En su niñez los días transcurrían jugando en los solares de las casas que tenían sembrados de plátano, café y caña, “los niños salíamos a pajarear y a correr por campo abierto porque las casas no tenían cerramientos y no había ni el más mínimo riesgo de un accidente en el camino, en esos tiempos ni carros habían”, me dice Fabio, elevando la voz para superar el ruido de los buses que pasan todo el tiempo frente a su casa.

Hernando y Fabio recuerdan con nostalgia esos años de vida netamente rural, y no se oponen a la modernización de su territorio, pero, aseguran, es imposible no extrañar esos tiempos en el que su vereda tenía zonas verdes y un aire limpio y vivían una vida tranquila alejados de la centralidad de la ciudad.

Ambos recuerdan a su vecino Horacio Acevedo, que impulsó la llegada de muchas nuevas familias a la vereda, “él recibió un terreno muy grande de una herencia y lo loteó y lo vendió. Y las familias que llegaron, empezaron a hacer sus casas con la piedra que sacaban de la quebrada”, asegura Hernando.

Después vino la primera urbanización planeada y legal. Se trató de Las Playas, un conjunto abierto de casas construido frente a “la finca del coronel”, donde hoy es la Universidad San Martín.

 

VEREDAS QUE DEJARON DE SER RURALES

A Juan Pablo, por su parte, le tocó ser testigo de la segunda gran renovación urbanística de La Doctora, que comenzó hace más o menos una década, cuando varios restaurantes, estaderos y discotecas de la zona desaparecieron para darle paso a urbanizaciones cerradas con varias torres de edificios de más de 15 pisos.

Esta ola constructiva tomó por sorpresa a todos los habitantes y desbordó los servicios en algunos territorios, como el caso de la vereda San José. Mariana* es habitante de esta vereda y para ella, las dinámicas de la comunidad han cambiado radicalmente, “se afectó la seguridad de la comunidad, cada vez vemos más consumo de drogas y algunos vecinos aseguran que se sintieron presionados para vender sus terrenos”.

Además, agrega, con la urbanización y el aumento exponencial de vecinos, se han afectado bosques con talas de árboles nativos y se han secado nacimientos de agua, además, algunos servicios públicos colapsaron, “nuestra vereda ya sobrepasó el límite de asociados al acueducto veredal. De él se han apropiado proyectos como Aires del Bosque, dos torres donde cabe casi el número de personas que tiene nuestra comunidad, nuestro recurso de agua se está agotando y no sabemos qué va a pasar. Las constructoras sólo pasan por encima de las comunidades sin respetar la vocación rural y campesina”, aseguró.

 

EL NUEVO PBOT, UNA ESPERANZA

Para frenar la futura expansión urbana y aumentar las áreas rurales de patrimonio protegido, Sabaneta modificó este año su Plan Básico de Ordenamiento Territorial -PBOT mediante el acuerdo 07 de 2019 y reguló, entre otros, la altura de las edificaciones, que variará de acuerdo con la capacidad de las zonas y en ningún caso podrá ser superior a los 25 pisos.

Además, desde hace varios años el municipio disminuyó significativamente el número de licencias de construcción otorgadas, pasando de 8.800 en 2015 a 400 en 2016, 1900 en 2017 y menos de 2000 en 2018.

Pero las grandes edificaciones ya están allí y los antiguos pobladores de estas veredas tuvieron que acostumbrarse a ellas y a sus nuevos vecinos. Atrás quedaron los tiempos en los que por la vía principal de La Doctora solo pasaba una volqueta una vez al día para cargar y descargar escombros. Atrás quedó la época en que Octavio Acevedo era el taxista de Envigado que siempre hacía las carreras para esta vereda o en que Sigifredo Herrera conducía el único bus que iba del parque a la vereda y viceversa y cuyo pasaje costaba 6 pesos.

Tampoco volverán los tiempos en que todos los niños se reunían en la sala de los Múnera para entretenerse con el único televisor de la zona, ni los años en los que solo disponían de dos teléfonos, uno en la finca “Los abuelos” y otro en la finca de doña María Luisa Vásquez, la rica de la vereda que solo iba a ‘temperar’ los fines de semana. “Me acuerdo mucho del teléfono de Los abuelos, porque hasta allá fue mi mamá una vez para llamar al hospital a preguntar por mi tío, que se había accidentado, y le dieron la noticia de que ya se había muerto”, dice con nostalgia Fabio mientras señala el edificio del frente para mostrarme el camino que llevaba a esa finca que ya no existe.

Ahora las casas y los edificios y los carros abundan, “la vía ya es insuficiente para tanto carro, los buses se acumulan y la gente no tiene por donde caminar”, se queja Hernando. Y la situación se repite en San José. El año pasado la comunidad realizó un plantón en la mitad de la vía para exigir la construcción de una vía alterna “que los constructores se comprometieron a entregar antes de empezar las explanaciones, hace unos años cuando socializaron el plan parcial La Macana. Hoy seguimos esperando esa vía mientras vemos cómo las volquetas se volcán y ocurren accidentes en una carretera que es de alto riesgo” asegura Mariana.

Los Molina que aún quedan en la vereda no han pensado en la posibilidad de vivir en otro lugar que no sea La Doctora, “nos tocó adaptarnos a la contaminación y al ruido de los carros todo el día, por ahora nos tranquiliza el nuevo PBOT que va a frenar un poco todo este caos”, concluyó Fabio.