Manifiesto de una vagina en bicicleta

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«La bicicleta ayudó y ayuda a las mujeres a tomar las riendas de su lucha en favor de sus derechos, pues andar en bici es quizá la mejor metáfora de la libertad y el verbo pedalear equivale a avanzar por el camino de la equidad. La libertad sigue siendo la principal bondad de la bicicleta» (Aldy Tello).

 POR: SARA CASTAÑEDA Y VANESSA NAVARRO

 Las noticias sobre los abusos sexuales en el espacio público aumentan, hoy tenemos la noticia de la captura de un ‘monstruo’ en El Salado de Envigado, aunque las autoridades han pedido no llamarlo así. Un acosador que puede ser el espejo de personas cercanas, hombres y mujeres que cuestionan a quienes denuncian, señalándolas como exageradas y ‘revoltosas’.

Las denuncias en Envigado se suman a una estadística en relación con los cientos de casos en el sur del Valle de Aburrá que no se han registrado ni denunciado. Lo sorprendente es que las mismas autoridades, pese a las medidas, le piden a las mujeres pedir acompañamiento para caminar o transitar libremente por el espacio de todos.

Pasó hace algunos meses, un domingo en la mañana, que por no dejar que me siguieran acosando sexualmente mientras montaba en bicicleta hacia el municipio de Caldas, él, un desconocido, me arrinconó con su moto sin placas, no me dejaba avanzar en la bicicleta y gritaba que me iba a matar por ‘mostrona’ -yo usaba un uniforme de ciclismo- y mientras sucedía, pasaban otros ciclistas, miraban de reojo, hablaban entre ellos y seguían su ruta. Porque, claro, yo estaba sola y al parecer para los ciudadanos es más censurable el hecho de no salir acompañada que el acto mismo de agredir, acosar y violentar al prójimo.

Cada vez que subo a Caldas me lo encuentro y él ni se acuerda.

El mayor peligro de salir a cualquier hora del día a caminar, trotar, montar en bicicleta y sin escolta, no es que nos roben o que nos perdamos en el camino, el peligro es que nos violen. Tampoco se busca generalizar o entrar en radicalismos de género, pero nos vemos en la injusta necesidad de ponerle a la amenaza un rostro de hombre que nos mira como si fuéramos un pedazo de carne sin dignidad.

El silencio aún se condensa en el espacio privado que esconde el crimen.

Rechazar un piropo o una mirada de deseo es aumentar la violencia, se debe agradecer el grito en la calle porque es la humillación disfrazada de elogio. No estamos programadas para dejar de sentir asco, rechazo y ganas de salir corriendo cada vez que se vulnera nuestro derecho a ocupar los espacios públicos con libertad y dignidad.

A pesar del miedo, las mujeres estamos debatiendo, hemos ampliado el espectro de participación en lo público porque nos sabemos más fuertes, menos indiferentes. Queremos ver más mujeres pedalear en las mañanas, ganándole en madrugada al sol y en la noche cerrando con la luna, habitando esos espacios fantasmas. Mujeres libres para hacer críticas a esta imperfecta ciudad, lejos de la derrota, efusivas, enfrentando el miedo con valor e inteligencia y mirando al frente.

¡Queremos ver muchas más vaginas conquistando este mundo en bicicleta o caminando…en las calles, en los montes, con libertad y dignidad! A continuación, un corto decálogo de lo que desafiamos cada que nos atrevemos a montar en una bicicleta:

  1. Vamos baby ¡Ponte buena!

Cultivar el cuerpo mediante el deporte pareciera un requisito para entrar en la lista del mercado. La lógica de presas y depredadores ha hecho pensar al universo masculino que una mujer monta bicicleta o va al gimnasio para ser elegida, devorada o “admirada”, como muchos llaman al acoso callejero, todo un vestido de piropos. Sentirnos fuertes y saludables hace parte de nuestro propio equilibrio, así que la armonía femenina no tiene por qué inducirse y apropiarse como objeto de consumo.

  1. Mecánica para superhéroes

Nos distanciaron de las herramientas para valernos de nosotras mismas. La estructura patriarcal nos ha desligado de habilidades que pueden desarrollar ambos sexos, pero los ovarios no hacen mecánica, ni la testosterona se mete a la cocina. Taladrar la pared, cambiar el empaque de la llave, despinchar la llanta de la bicicleta, ha sido trabajo de varones, que con su sabiduría y eficiencia “nos han ayudado a salir de apuros”. Esas habilidades amputadas nos hacen ser dependientes en una ruta, que no es más que un escenario espejo de la vida misma.

  1. Las princesas no se empantanan

Limpias, bellas y frágiles: El estereotipo barbie ha vetado otras formas de ser mujer. Entonces subir la montaña, jugar fútbol o practicar MTB, nos convierte en un espécimen entre la osadía de los machos y aunque hemos insistido en nuestra conquista de espacios, seguimos siendo pocas. Ahora, no hace falta un comité de elogios para alcanzar la meta con la misma fuerza, ni que se sorprendan porque “una nena” escala o desciende más rápido. Nosotras también sudamos, nos engrasamos y llegamos a donde haya que llegar.

  1. En la casita se ve más bonita

Nos desterraron de la vida pública y nos ubicaron en la privada: La casa, los afectos, la reproducción. Para una mujer, salir a la calle y conectarse con el trabajo remunerado, la movilidad, la ciencia, el deporte, es un acto de rebeldía y tomase los parques, las vías y las trochas, implica una postura política. El uso de la bicicleta nos ha representado tener que ir en contravía de argumentos médicos que le atribuían responsabilidades sobre nuestra salud sexual y reproductiva, de vestuarios incómodos para “proteger la moralidad”, de los peligros que representa estar fuera de casa.

Siempre se han mencionado los puntos oscuros, solitarios e inseguros en donde algo nos puede ocurrir y siempre hemos sido las responsables de lo que efectivamente ocurra. Hemos sido culpadas de cada violencia, merecedoras de cada abuso y salir a la vida pública implica siempre “asumir el riesgo”.

  1. ¡Shhhhhh! Silencio. Ante cualquier violencia: callar. De lo contrario seremos llamadas locas, brujas, putas, machorras, feminazis. Pero un día decidimos hablar de nosotras, de otras, de todas, y nos llega un momento de complicidad en el que decimos “yo también…”

¿Yo también qué?

Que yo también me he sentido vulnerada, he visto y escuchado con indignación y me he refugiado en la voz de las mujeres que denuncian. He rechazado aquellas que echan veneno en su propio vaso, justificando la violación y el abuso porque “Quién las manda a salir solas” “Qué esperaba con esa forma de vestirse” “A esa hora no debe salir una mujer” “Siempre debe salir acompañada”.

 

¿Qué proponemos?

  • Pedagogías para la equidad de género desde la infancia.
  • Garantía de la existencia social de las mujeres en el espacio público.
  • Rutas de atención efectivas por parte de las instituciones, autoridades competentes y sociedad civil.
  • Articulación de voluntades para la denuncia pública de casos de vulneración de derechos y violencias basadas en género.
  • Habitar colectivamente los espacios inseguros, de riesgo, con antecedentes de estas violencias. No generar más silencios con las ausencias.