¡La calle es nuestra!

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¿Vivir con miedo? ¿Caminar acompañada? ¿Tomarle foto a las placas del taxi? ¿Vestirse pensando en el qué dirán? ¿No viajar sola? Son preguntas que no deberían hacerse, pero que históricamente se hacen las mujeres y que es hora de parar. No se puede justificar cualquier conducta de acoso o abuso sexual y clasificarlas como efecto de la supuesta provocación femenina. Abuso es abuso y punto.

La denuncia de los 14 casos de violencia sexual en los últimos cuatro años en El Salado generó alerta y preocupación entre los habitantes y autoridades de Envigado. La Alcaldía de este municipio emitió un comunicado explicando que, según la Fiscalía General de la Nación, en los dos últimos años solo se han presentado dos casos de violación, uno en 2018 y el otro en el pasado mes de agosto.

Además, dio recomendaciones de seguridad, para evitar nuevos casos similares, entre ellas: “se recomienda a los ciudadanos que, cuando visiten este tipo de sectores, informen a las autoridades que se encuentran dentro de la zona”, y “se sugiere no ingresar después de las 3:00 p.m., además que estén acompañados por un guía local o turístico”.

Tras un mes de investigación, la Policía capturó a este hombre de 39 años, acusado de atacar a cuatro mujeres, hurtarlas y abusar a una de ellas. Y aunque no aceptó los cargos, fue enviado a prisión y tendrá que responder por los delitos de secuestro simple agravado, acceso carnal violento, acto sexual violento y hurto calificado y agravado.

Pero la violación es solo una de las formas de violencia contra las mujeres. Evidentemente es la más grave, pero no es la única. El tema cruza las fronteras de este municipio y es solo el reflejo de lo que pasa en toda la sociedad, no en vano se conoció también recientemente la denuncia de una periodista de un periódico antioqueño en la que su editor aparentemente la acosó y, aunque el acusado se defendió, la casa periodística cuestionó la actuación de la mujer dejando entrever que fue ella quien habría provocado dicha situación.

Son precisamente esos señalamientos, los que generan temor a la denuncia de las mujeres víctimas de cualquier tipo de acoso sexual en su contra. Las estadísticas pueden ser bajas o altas, según el ojo que las mire, pero lo que es seguro es que existe un subregistro debido a que muchas prefieren no denunciar por falta de garantías y una ruta clara de atención.

Ante esto, un grupo de mujeres creó el colectivo #LaCalleEsNuestra para abrir el debate en redes sociales, generar movilización ciudadana y crear consciencia sobre la necesidad de respetar los derechos de las mujeres en todos los escenarios. Ese mismo grupo de mujeres marchó por las calles de El Salado y le pidió medidas a las autoridades regionales a través de una carta:

“Somos conscientes de la importancia de establecer rutas de trabajo conjunto con las autoridades para evitar la revictimización y los sesgos a la hora de denunciar. Por esto creemos que esta es una oportunidad de diálogo que no debe desaprovecharse. Más allá de señalar falencias, que evidentemente existen y que responden a la permeación de la cultura patriarcal en las instituciones del Estado, esta manifestación debe trascender y servir para establecer una conversación abierta, sincera y permanente sobre la problemática, no solo en Envigado sino en toda el área metropolitana”, dice la misiva.

La periodista antioqueña Ana Cristina Restrepo, en su reciente columna “¿Patrón?”, tras hacer un recuento del caso ocurrido con dos colegas del medio periodístico, señaló: “lo paradójico es que pilares de la justicia, garantías como la presunción de inocencia, el derecho al buen nombre y las versiones contrastadas, se conviertan en escudo de agresores sexuales. Las posibilidades de falsas denuncias o de condenar a un inocente subrayan la urgencia de una conversación desde lo jurídico y lo cultural en torno al enfoque diferencial. ¡La Corte Constitucional se ha pronunciado al respecto!”.

Por eso, desde esta pequeña sala de redacción en la que predominan las mujeres (solo basta con mirar quienes firman los artículos), nos unimos a ese clamor. Al de #LaCalleEsNuestra, que pide respeto y una ruta de atención, y al de Restrepo, de un enfoque diferencial, donde no se justifique una conducta de abuso y mucho menos se le niegue el derecho a la mujer de denunciar. Callar no es una opción.