La Mayorista: de plaza de mercado a centro de negocios

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En 48 años de historia la Central Mayorista de Antioquia ha tenido grandes cambios en infraestructura y tecnología que para muchos son una amenaza y para otros la oportunidad de expandirse y consolidar su negocio.

POR CRISTINA MONSALVE

“Después de Dios, la plaza”, dice José Ángel, mientras se echa la bendición luego de haber terminado otra jornada de trabajo, de hacer los mandados entre galpón y galpón y de cargar los mercados en carretillas, como lo hace desde hace 12 años.

Se sienta en un costado de Las Malvinas, o lo que queda de ellas tras el incendio que hace dos años consumió el que era el corazón de la Plaza, y desde allí, mirando a su alrededor con nostalgia, habla sobre “la elegancia de bloques que están haciendo”, pero lo raro que se ve “un centro comercial en la mitad de la Plaza de Mercado, la tradicional, la que nos da la comidita”. Piensa, como muchos, que en diez años no habrá rastro de lo que era ese tradicional lugar de comercio y encuentro.

Pero para otros esto parece indicar que es un ciclo más que se debe cumplir allí,  así como desde 1971 la plaza también se llevó todo rastro del Hipódromo y estadio San Fernando, que había funcionado en ese terreno del municipio de Itagüí desde 1942.

Los gritos de gol y la animación en las carreras cambiaron por la fuerte voz de los pregoneros que ofrecían frutas y verduras, el olor al estiércol de los caballos fue disipado con el de naranjas, cebolla, limón y piña y el público que llegaba a disfrutar de los espectáculos deportivos fue reemplazado por los comerciantes que llegaban a comprar el surtido para sus negocios y las familias del campo y de Medellín que comenzaron a llegar a mercar en la plaza.

“Es que esto sí ha cambiado mucho, los bloques de acá de la mitad no existían sino que era un parqueadero y basurero. Ahí nos escondíamos de un gerente con un pie mocho que era muy cansón”, cuenta entre risas doña Luz Estella González, quien se autodenomina una de las fundadoras de la plaza, con su venta de tintos y mecato hace 37 años.

Ella recuerda esos primeros años de la plaza administrada por Emvarias, cuando poco a poco se dio la construcción de los galpones y llegaron allí un poco más de cien comerciantes de ‘El Pedredro’, lo que era el mercado en las calles del centro de Medellín y que estaba ubicado en Guayaquil, lo que ahora es el Parque de las Luces.

Se remonta a esa época en que el tamaño de los módulos para quienes llegaban a vender se medía con el tamaño de la ruana, aproximadamente 2,25 metros, y cuando los caballos eran los mejores trabajadores para cargar y transportar granos, frutas, verduras y mercados completos por toda la central y eran también los consentidos de los vendedores.

Esos fueron los años más bonitos en la plaza, dice Gilberto Ramírez, porque “era una maravilla el espacio que había para poder trabajar sin problemas, todo era más tradicional y hasta la ‘Ramada’ que era un basurero, le daba ese toque de lo que es una verdadera y típica plaza”.

Y lo dice porque en los años 70 apenas había tres bloques en los que acomodaron sus puestos 180 comerciantes en igual número de locales. Algunos más grandes “como el del rico de las cebollas, que tenía como un imperio con eso, y otros normalitos donde poco a poco se fue creciendo el negocio de la papaya, el plátano y fuimos cogiendo clientes fijos”.

Precisamente por el crecimiento de los negocios, en 1986 la Alcaldía de Medellín, que hasta ese entonces administraba la Plaza, decidió convertirla en propiedad horizontal y vendió casi la totalidad de los bloques llegando así a lo que es la Central Mayorista de Antioquia, “una empresa privada con vocación pública”, como la describe su actual gerente, Juan Orlando Toro.

Cada día ingresan más de 26 mil vehículos, de los cuales tres mil llegan cargados con 10 mil toneladas de comida.

Él también recuerda esos inicios con una pequeña plaza, al lado de lo que es la central gigante de ahora, la de 31 bloques, más de 1.800 locales, más de 700 empresas, 36.000 empleados y  290.000 metros cuadrados de extensión.

El gerente, antes de emocionarse hablando del plan maestro para que la Mayorista sea un completo Centro de Negocios en los próximos 50 o 60 años, reconoce el valor de esos primeros años de la tradicional plaza y lo que representa para decenas de comerciantes que han trabajado allí por décadas para sacar adelante a sus familias.

Como lo hace José Ángel, que expresa que la plaza es su bendición porque ha representado su sustento. “Con lo que me gano aquí llevo la plata a mi casa y a la de mis papás de 84 y 87 años que viven en Abejorral”, dice, despidiéndose de sus compañeros cuando comienza a caer la tarde y es hora de irse a descansar, porque las jornadas en la plaza para él comienzan desde la madrugada.

Pero la historia de la Central no ha sido amable para todos. Allí se mueven miles de millones de pesos a diario y con ello aparecieron las extorsiones y las bandas criminales que azotaron a comerciantes y controlaron la plaza, literalmente. El más conocido fue alias “El cebollero”, quien fue capturado, condenado y hace un año dejado en libertad. Las autoridades de Itagüí gestionaron una sede del Gaula de la Policía para combatir todos los delitos y la tranquilidad aparentemente reina en la Mayorista.

 

EL PLAN MAESTRO

Con el paso de los años los caballos de carga de la Central se jubilaron y fueron reemplazados por carretillas de madera, el tamaño de los módulos ya no es medido con ruana y del antiguo basurero no quedó rastro, porque ahora hay un completo plan de aseo.

A los antiguos bloques de aproximadamente 5 metros de frente por 14 de largo los complementan ahora los edificios del bloque administrativo, el número 31, y el recién inaugurado bloque Naranja, donde estaba el bloque 24 que era propiedad de la Alcaldía de Medellín y que representó problemas jurídicos al ser vendido por un precio inferior del que se debió negociar, según la Contraloría.

Además de cinco grandes supermercados, que nacieron allí y que ofrecen la posibilidad de pedir productos a domicilio y mercar a través de aplicaciones propias, lo que para muchos de los primeros vendedores de la plaza es una opción que no les interesa, porque confían más en la venta cara a cara y en efectivo, como aquellas transacciones en Guayaquil que comenzaron con el trueque de productos.

Y es que la última década ha sido la de mayor cambio para la Central, que tiene en estos dos bloques y almacenes de grandes superficies el inicio de lo que es el plan maestro de infraestructura, con miras a que la Mayorista tenga viabilidad por seis décadas más y que poco a poco se convierta en un centro de negocios, como otras centrales de abastos en el mundo.

“Llevamos 10 años viajando por el mundo mirando modelos y cómo se transformaron las grandes centrales. Teniendo en cuenta esto diseñamos un plan maestro”, explicó el gerente desde su oficina en el piso 8 del bloque 31, el mismo que cuenta con un amplio auditorio, zona de comidas y algunos almacenes, al mejor estilo de un centro comercial o de negocios.

Para Luz Estella este bloque  bonito pero advierte que poco a poco se pierde la esencia de una plaza de mercado. “Es una verraquera y con eso se ve que esta plaza es para los pobres, los ricos, los feos, los bonitos. Pero esto no se parece a la plaza que conocimos, eso no tiene sentido”, dice la mujer, quien lamenta que las intervenciones no conserven el aspecto tradicional de la Central.

Y en parte tiene razón, no se parece al espacio de antes y ha sido necesario intervenirlo porque ahora los días de mercado, martes, jueves y sábados, tienen visitas diarias de más de 90 mil personas. Cada día, desde las 2:30 de la madrugada, ingresan más de 26 mil vehículos, de los cuales tres mil llegan cargados con 10 mil toneladas de comida.

Por esa razón el nuevo modelo de operación está dividido en cuatro ejes: seguridad y tecnología, movilidad y logística, cuidado ambiental y operación administrativa, lo que también ha implicado cambios en la infraestructura.

“Somos la única central de abastos en Latinoamérica certificada con la norma de calidad ISO 9001 2015, tenemos seguridad privada con más de 400 cámaras y contamos con las autoridades, haciendo que en los últimos 8 años no haya indicadores de asesinatos ni secuestros dentro de la Central”, eso dice el Gerente, agregando que en lo ambiental garantizan que los espacios estén limpios siempre y destacando que en el nuevo bloque naranja hay más de 1.500 parqueaderos, que contribuyen con la logística y la movilidad.

Ese bloque Naranja, inaugurado el pasado 2 de agosto y cuestionado por muchos, tiene un nuevo formato de mercados campesinos, grandes bodegas y almacenes de ropa y accesorios de marcas propias de los grandes centros comerciales, pero que funcionan desde las cuatro de la mañana, al mejor estilo de la plaza.

90.000 personas pueden ingresar, en días de mercado, a la Mayorista.

Aunque ofrece todas las comodidades, varios vendedores a los que les han ofrecido hacer parte de este espacio aseguran que el arriendo es más costoso y que sus clientes prefieren lo tradicional, incluso Las Malvinas, cuyos comerciantes siguen trabajando en carpas en una zona común, mientras reconstruyen el bloque que estaría listo antes de finalizar este año, según les anunciaron.

Sin embargo, para María Ensueño Arias, o la ‘Churris’ como la conocen todos en la Plaza, ese bloque es el inicio de la nueva cara que quieren darle a la Mayorista con el objetivo de que llegue más gente a comprar mercado y hacer negocios.

Para ella, que lleva 33 años vendiendo almuerzos, eso representa un cambio que, si bien deja atrás lo tradicional, genera empleo y le conviene a su bolsillo porque llegarán nuevos clientes a probar sus famosos chicharroncitos o alguno de los manjares que prepara cada mañana.

“Acá hay para todos los gustos. Los glamorosos se pueden ir para la zona que es como un centro comercial y los otros, los nuevos coteritos y trabajadores yo los atiendo, porque con tres mil no comen nada por ahí que los llene, en cambio por ese precio yo les armo un almuercito”, dice ‘La Churris’.

 

COMERCIANTES MODERNOS

Algunos líderes en la plaza explican que están de acuerdo con el desarrollo, pero piden que los comerciantes sean concientizados de los beneficios que van a tener, pues muchos consideran que pasarse a uno de los bloques nuevos, modernizar los antiguos u ofrecer servicios como mercados a domicilio les generarán nuevos impuestos y pérdidas para los negocios. De hecho muchos locales permanecen vacíos aún en el Bloque Naranja.

El gerente Toro explica que, por ejemplo, la modernización de los bloques se hará poco a poco y con base en el proceso que adelantan en el bloque siete y que se dio por iniciativa de los propios dueños y no por una imposición.

“Lo que queremos es que ya esas bodegas que van a cumplir 50 años tengan nuevas redes, sean más funcionales, tengan espacios para los empleados y que cumplan con la normatividad de sismorresistencia”, dice Juan Orlando, aclarando que esperan que los dueños de cada bloque tomen la decisión de dar ese paso.

Sumado a esto, ya iniciaron con la construcción del Intercambio de La Ayurá que tendrá una conexión entre la autopista y la Central con el que pretenden expandir más los alcances de la Mayorista, porque “será una conexión de seis carriles, tres de entrada y tres de salida con un edificio encima. Y es un proyecto muy ambicioso en etapa de prefactibilidad que también incluiría un hotel”, detalla el Gerente.

“No podemos hablar bobadas, porque esto se ve muy bonito. Son muchos los que no están de acuerdo y dicen que se van a ir, pero lo cierto es que acá nunca nos ha faltado la bendición diaria y seguramente con todo eso tan moderno que van a hacer vamos a tener trabajito por mucho tiempo”, dice ‘La Churris’, como para cerrar un debate sobre los cambios en la plaza, la misma donde a las 4 de la tarde sigue sirviendo almuerzos para quienes van terminando su jornada y no se quieren ir a su casa con hambre.