Medellín construirá su relato a través de la Cultura Ciudadana

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Pareciera que los gobiernos encontraran solución a todos los problemas sociales mediante el aumento en el pie de fuerza, la construcción de más obras de infraestructura o la creación de nuevas leyes. Y si bien cada una de estas estrategias es importante y valiosa, éstas no resultan suficientes para dar solución a las muchas complejidades que atraviesa una sociedad. Y es precisamente por eso: los seres humanos somos complejos. Nuestros comportamientos no responden de manera exclusiva al temor a la sanción, a la majestuosidad de los edificios o a lo que dictamina el papel. ¿Qué hace falta entonces?

OPINIÓN DE DANIEL CARVALHO* | 4 AGOSTO 2019

A lo largo de los años se ha dejado en un segundo plano a la cultura ciudadana, quizá por escepticismo o por sus métodos no convencionales o por lo tardíos que pueden llegar a ser sus resultados. Su papel solo llegó a ser protagónico en Bogotá durante la Alcaldía de Antanas Mockus y sus resultados fueron tan positivos que otras ciudades, de manera tímida, comenzaron a incorporar la cultura ciudadana en sus agendas. Medellín fue una de ellas. Sin embargo, sus esfuerzos en la materia fueron dispersos y dependieron de quien fuera el gobernante de turno, por lo que lastimosamente, no contaron con continuidad.

Sin duda, Medellín ha avanzado muchísimo durante los últimos veinte años. No somos aquella ciudad de los noventa caracterizada por la violencia y la anomia. El urbanismo social fue una de las claves que hoy nos ubican como un referente a nivel mundial. Sin embargo, los momentos cambian y las estrategias de hace años deben complementarse con nuevos elementos. Las grandes transformaciones urbanas, aunque importantes, ya no son suficientes para mitigar una problemática. Sin estrategias que apunten al cambio de comportamientos socialmente problemáticos y que permitan la vida en comunidad, todas estas importantes obras se vuelven un gran conteiner vacío. En otras palabras: sin una apuesta a la cultura ciudadana, estaremos lejos de cumplir nuestras metas como ciudad.

¿Significa lo anterior que la cultura ciudadana es la solución mágica a todas las problemáticas sociales de Medellín? Decir que sí sería pretencioso y errado, pero ignorar sus potencialidades sería también irresponsable cuando, empíricamente, se ha demostrado su eficacia. Podríamos invertir los recursos públicos en ubicar cientos de semáforos y pintar cientos de pasos peatonales en la ciudad, pero sin formular una estrategia pedagógica para reducir la accidentalidad, los esfuerzos serían vanos y la meta estaría lejos de cumplirse. Con una verdadera apuesta de cultura ciudadana, por otro lado, no tendríamos que lamentar la muerte de cientos de personas en las vías ya sea porque excedieron el límite de velocidad o porque no respetaron el pare. No se trata de dejar de lado las obras, sino de nivelar la diada entre infraestructura y pedagogía.

Sin duda, cambiar nuestros hábitos y comportamientos es más difícil y requiere de más tiempo que construir un puente o instalar cien cámaras. Sin embargo, es una apuesta que traerá, a largo plazo, mejores resultados ya que en una ciudad donde la cultura y la educación son prioridad, la coerción llega a convertirse en un sobrante. Convencido de los resultados que genera la cultura ciudadana y su imprescindible saldo pedagógico, el pasado domingo 14 de julio, en el Concejo de Medellín, voté positivo para que fuera aprobada la Política Pública de Cultura Ciudadana. Un ejercicio riguroso en cabeza de la Subsecretaría de Ciudadanía Cultural que, durante poco más de dos años, se construyó en las calles junto con la ciudadanía y que le deja a las siguientes administraciones unas directrices claras y un norte al que apostarle.

La aprobación de esta política pública, dividida en cinco dimensiones (diversidad, participación y formación, confianza, legalidad y sostenibilidad ambiental), se traduce en un voto de confianza que afirma que sí es posible solucionar nuestros problemas y conflictos de manera pacífica y consensuada; que poner el foco en la gente y en sus capacidades es creer que no se necesita de un ojo vigilante para que la convivencia sea posible. Podría decirse, en pocas palabras, que uno de los aportes más importantes que ofrecerá esta política pública, es su apuesta a la reconstrucción de la relación de corresponsabilidad entre la ciudadanía y el Estado. Medellín tenía a la cultura ciudadana en mora, pero ahora cuenta con una guía y una visión a largo plazo construida desde las bases, desde aquel lugar que había perdido el foco y que hoy buscamos recuperar, es decir: desde la ciudadanía y su cotidianidad.

DANIEL CARVALHO: «Concejal de Medellín. Urbanista, activista y barracontenta. Enamorado de Medellín. Todavía le pongo tilde a ‘sólo’».