La discusión no es nueva: hace más de tres décadas se debate en Medellín sobre la pertinencia de mantener en operación el aeropuerto Olaya Herrera, los argumentos de parte y parte son numerosos y generalmente válidos pero no se ha alcanzado una decisión definitiva; considero que es momento de escalar la discusión, sentar posiciones oficiales y tomar una decisión de ciudad.

DANIEL CARVALHO* | 11 DE MAYO 2019

El Olaya Herrera empezó a operar en 1932 y es hoy en día el cuarto aeropuerto más dinámico del país en términos de operaciones aéreas (más de 1 millón de pasajeros y cerca de 2.000 toneladas de carga en 2017); presenta la ventaja competitiva de estar localizado en plena zona urbana, lo cual lo hace más fácilmente accesible que el aeropuerto internacional José María Córdoba; además, su terminal, diseñada por el arquitecto Elías Zapata está catalogado como Monumento Nacional (1995) y Patrimonio Cultural del Municipio de Medellín (1995). Estas razones suelen ser presentadas como suficientes para cerrar la discusión a favor de la permanencia del aeropuerto, sin embargo, aun reconociendo la importancia del aeropuerto local, es pertinente darse a la tarea de pensar otro escenario.

El modelo de ciudad que se ha planeado para Medellín y el Valle de Aburrá desde el primer POT (1999) y que corresponde a los lineamientos modernos de lo que debe ser una urbe sostenible está basado en la idea de una ciudad compacta que privilegie el crecimiento denso en zonas céntricas con buena dotación de infraestructura pública y privada (espacios públicos, escenarios deportivos, instituciones educativas, alternativas de movilidad, oferta comercial, etc.) y la integración o restauración de espacios naturales articulados que permitan respirar en medio de la urbe densa y que estén a la altura de una ciudad con altos índices de biodiversidad.

Para muchos, entre quienes me incluyo, la posibilidad de utilizar el área del Olaya Herrera para un uso diferente nos permite acercarnos a dicho modelo de ciudad. Imaginemos, en las 85 hectáreas que hoy ocupa el aeropuerto, un gran parque metropolitano con espacios verdes que podrían albergar más de 120.000 árboles (hoy el déficit de arbolado urbano asciende a 480.000 árboles), espacios duros que podrían servir para acoger grandes eventos de ciudad y otros equipamientos culturales y deportivos locales o metropolitanos; este nuevo bosque en medio de la ciudad, que aumentaría en 8% el índice de espacio público, estaría conectado con otras zonas como el Rodeo (¿otro futuro parque?), la Unidad Deportiva de Belén, el Cerro Nutibara y Parques del Río; en los alrededores de este inmenso parque se abriría la posibilidad de un desarrollo inmobiliario adecuado y la oportunidad de que esta área pase de ser una gran barrera urbana a ser un espacio de integración social y articulación física entre Belén y Guayabal.

Otras ciudades han dado, con gran éxito, el paso de convertir sus viejos aeropuertos en parques públicos. Los parques Tempelhof (Berlín) y Bicentenario (Quito), recientemente inaugurados, demuestran la oportunidad y la necesidad de repensar los usos tradicionales del suelo urbano en búsqueda de un paisaje más amigable con el ciudadano y el medio ambiente.

En Medellín también es posible; para ello, además de una discusión pública amplia, es necesario cumplir con ciertas condiciones y tener en cuenta ciertos plazos. Es necesario saber que, por asuntos legales, ningún cambio es posible antes de 2032, fecha de finalización de la concesión; este plazo, que parece largo, nos ofrece el tiempo necesario para cumplir con dos condiciones fundamentales:

En primer lugar, para que el aeropuerto José María Córdova pueda absorber todas las operaciones aéreas del Olaya Herrera es necesaria la construcción de una segunda pista, que ya está proyectada en su Plan de expansión pero que aún no ha sido definida como prioritaria (actualmente prevén iniciar su construcción alrededor de 2030). En segundo lugar, es necesario que en la próxima revisión ordinaria del POT de Medellín (prevista para 2026) se adopten los cambios normativos necesarios para que el proyecto sea posible, no sólo en el espacio del aeropuerto sino también en sus alrededores.

Se entiende que el proceso es largo, así son los tiempos del urbanismo; si como ciudad queremos llevar a cabo esta transformación es necesario empezar a actuar desde ya para disfrutar, en 2032, de un nuevo parque metropolitano.

PD: En el siguiente enlace pueden encontrar la ponencia realizada en el Concejo de Medellín sobre este tema https://www.youtube.com/watch?v=Uae6Gokpljk

  • Daniel Carvalho: Concejal de Medellín, ingeniero civil y Master en Ordenamiento Territorial y Urbanismo.
  • Foto: Henry Agudelo