Han pasado seis meses desde que la música dejó de sonar en aquella casona que se convirtió en la sede de los melancólicos, nuevos artistas y de quienes no tienen cabida en otros antros musicales en los que suena el vallenato, el reguetón o la popular. El exigente código de Policía y el humo de la marihuana, fueron algunas de las causantes de que El Callejón cerrara sus puertas luego de 19 años de historia cultural en Envigado.

PUBLICADA 24 MAYO 2019- POR ALEJANDRO CALLE CARDONA

Una gran fachada de colores llamaba la atención en plena esquina de la tradicional calle Guanteros a escasas dos cuadras del parque principal. En la tarde solo era eso, una enorme y antigua casa que servía de café, pero en la noche se convertía en el escenario de nuevos y reconocidos músicos de géneros alternativos y afroamericanos como el Reggae, Ska, Rap, Salsa e incluso Electrónica.

El Callejón nació en 1999 en la calle 48 sur de Envigado que en realidad, en ese entonces, era un callejón. Don Fabio Arango, el mismo que fundó La Nubes y Ancón 71, abrió en una casa angosta pero larga, otro café para que sus amigos armaran tertulias al son de tangos, cumbias y lo que escuchan los “señores”, mientras toman tinto o aguardiente, sin importar si es viernes o si es lunes.

Pero al caer la tarde, don Fabio dejaba el negocio en manos de su hijo mayor Orión. Los cuadros de réplicas de grandes artistas eran reemplazados por imágenes de cantantes de reggae con sus rastas y banderas de Jamaica; el tocadiscos sonaba los ritmos afro y el público rejuvenecía.

Por aquella época entraba con furor el rap en Medellín y detrás de él los demás sonidos americanos afro como el dance hall y el ragga. Orión imitó a su padre y también comenzó a convidar a sus amigos y El Callejón se convirtió en el parche raro de Envigado.

Poco a poco el bar café se convirtió en la casa de todos. Del jazz, del tango, del porro, de la salsa, de los clásicos, del flamenco, pero también del hip hop, incluso del rock y del punk. La casa también se volvió una sala de cine, de encuentros bohemios, de debates intelectuales y de borracheras.

El Callejón se convirtió, sin querer, en el escenario en el que los nuevos cantantes y las bandas que surgían en Envigado y municipios del sur se daban a conocer. Colombia Reggae, De Bruces A Mí, El Tito, Don Kristóbal, Providencia, La Tifa, todas pasaron por allí. “Muchos comenzamos acá, es un lugar muy importante para toda la escena local y que debe perdurar”, asegura Mauricio Osorio, vocalista de De Bruces que este año cumple 20 años y recuerda aquel lugar como el bar que le abrió las puertas.

EL HUMO Y LA TOMBA

Las rumbas se volvieron famosas y decenas de muchachos llegaban para disfrutar de la música, una cerveza y algo más. Pero estas músicas “raras” atraen más cosas raras. El humo de la marihuana aparecía en la acera y con él, los señalamientos de vecinos y extraños. “Ese es el parche de los marihuaneros”, dicen algunos que por allí pasan a la carrera sin haber cruzado un centímetro de la puerta de madera que separa el bar de la calle. Adentro, es otro cuento.

Pero el nuevo código de Policía se convirtió en el peor enemigo para El Callejón y un dolor de cabeza para Jerónimo Arango, hijo menor de don Fabio y último propietario del bar. Los controles aumentaron afuera y adentro. “Primero nos hicieron una inspección y nos cerraron porque no cumplíamos con algunas normas. Hicimos las reparaciones a la casa, cumplimos el tiempo de sanción y pagamos la multa de casi 3 millones de pesos. Abrimos, pero las visitas se hacían más constantes y exigentes”, explicó Arango.

El Callejón siguió su vida normal. Adentro la música y afuera, algunos que solo llegaban para sentarse en la acera, fumarse un porro y robarse el sonido del reggae que salía por la ventana. Para los vecinos y la Policía, eran los gamines del bar que fumaban marihuana y había que acabar con ese antro, pero adentro nunca encontraban nada, ni menores de edad ni el humo de la yerba, porque no estaba permitido.

Pasaron algunos meses y Jerónimo, fiel a su esencia, aceptó que su bar fuera el escenario para que un grupo de comediantes de Envigado presentaran su primer show de stand up comedy a riesgo de que no fuera comercial. De hecho, solo llegaron 20 personas y en la mitad del show llegó el espectador 21, se trataba del inspector de Policía “y me pidió los permisos para el evento que por desconocimiento no tramité. Me hicieron otro comparendo de 900 mil pesos y me cerraron una semana. Luego me citaron para quitarme la licencia por tener dos comparendos en menos de dos años”, recordó con rabia y dolor.

El Callejón no pudo celebrar su aniversario 19. El 26 de octubre fue su última fiesta a ritmo de la salsa de La Eterna Orquesta, una banda que también nació allí, con tantas otras. “Por siempre será nuestra casa. El lugar que nos vio crecer, una de las más importantes de la escena local de la música independiente de Medellín y Colombia. Por siempre inmortal”, escribió la orquesta en sus redes sociales.

El sonido se escuchó más fuerte y la rumba fue brava, como era costumbre, invadieron los recuerdos y la nostalgia de decirle adiós a aquel lugar que era de todos. Jerónimo reconoce los errores que se cometieron para cumplir la norma, pero insiste que “nunca hubo voluntad de las autoridades para trabajar con los jóvenes que consumían marihuana afuera del bar. Presentamos varias propuestas pero nunca pasó nada. Sabemos que solo querían cerrar el bar y lo lograron”, dice.

A pesar de las deudas y el dolor que genera perderlo todo, tal vez este no sea el final de El Callejón. Tal vez encuentre otro rincón en Itagüí, Sabaneta o El Poblado para abrir de nuevo sus puertas y el sonido de la música afro y latina retumbe y todos recuperen la casa donde eran felices.