Huele mal

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El problema de los residuos sólidos está poniendo en aprietos a los municipios del Sur del Valle de Aburrá y las empresas de aseo. A la falta de cultura ciudadana se suma el aumento en la producción de residuos sólidos, la poca vida útil del relleno sanitario La Pradera, el cierre de El Guacal y los aún pobres planes para la recuperación de material reciclable.

Desde hace varios años Itagüí sufre por la mala disposición de basuras y escombros en esquinas, parques, lotes, retiros de quebradas y en cualquier rincón que se preste para librarse de los residuos orgánicos, muebles, material de construcción, colchones y todo lo que ya no sirva.

Pese a las medidas correctivas por la empresa de aseo Interaseo y las diferentes administraciones municipales, hoy nuevamente los barrios son asediados por esta problemática. La comunidad se queja por el aspecto y los posibles problemas de salubridad, pero lo primero que hay que decir es que ese problema, en parte, es generado por ella misma.

No respetar las frecuencias, sacar la basura a destiempo o contratar a personas no idóneas para el retiro de residuos especiales contribuyen más a agravar la problemática que a solucionarla. A finales del año anterior, la Alcaldía de Itagüí decidió trasladar el centro de acopio temporal para esta clase de materiales y aumentar los controles, lo que ocasionó que “los carretilleros” y “motocargueros” dejen en cualquier lugar lo encargado.

Por su parte la empresa de aseo, a quien el excalde Gabriel Jaime Cadavid le amplió el contrato hasta 2037 antes de dejar la alcaldía, también tiene responsabilidad en esta emergencia sanitaria. Una flota insuficiente y en dudosas condiciones, recorridos y frecuencias que parecen quedarse cortos, y los inexistentes planes para la recuperación de material reciclable, empeoran el panorama.

En las últimas semanas las autoridades emprendieron un programa para instalar contenedores en la zona céntrica del municipio y si bien matizó el problema, no es suficiente. También la alcaldía comenzó con un plan de limpieza y recuperación de puntos críticos, pero falta mucho más.

Se necesitan programas de cultura del reciclaje que involucre a los recuperadores con salarios justos. La Estrella, por ejemplo, recupera mensualmente 32 toneladas de material reciclable y 35 de material orgánico que se convierte en abono. Una admirable práctica que debe ser replicada en los demás municipios de la región para evitar que más carga llegue a los rellenos sanitarios y más material sea reutilizado. Por su parte, en Itagüí durante siete meses que duró un plan piloto de reciclaje recuperó tres toneladas de residuos. Sí, ¡tres!

Itagüí, sus autoridades y habitantes, tendrán que tomar medidas radicales para evitar una emergencia sanitaria de mayores proporciones. Se tendrán que aumentar los controles y sanciones para quienes arrojen basuras en lugares no adecuados; es urgente la implementación de programas de reciclaje y buenas prácticas por parte de los ciudadanos; pero sobretodo, ya es hora de poner en cintura a una empresa que no responde a las necesidades de un municipio que exige una mejor calidad de vida.