La entrada en operación del megaproyecto hidroeléctrico Hidroituango era la llave que abría la puerta de las grandes obras que prometía el gobernador Luis Pérez Gutiérrez en su paso por ese despacho y entre ellas revivir el Ferrocarril de Antioquia.

 

POR OCTAVIO GÓMEZ V.

Luis Pérez Gutiérrez llegó a la Gobernación de Antioquia, gracias a la campaña de finales de 2015, casando dos grandes apuestas: devolverle el desaparecido Ferrocarril al departamento -símbolo de las “viejas glorias” de la región- y revisar las tarifas de los servicios públicos que pagan los usuarios que están por fuera del Valle del Aburrá.

Para las dos cosas, el case era el mismo: el Departamento -es decir, la unidad administrativa- iba a empezar a gozar de las mieles de la abundancia que prometía la entrada en operación de Hidroituango, el proyecto de generación de energía eléctrica más grande en la historia de Colombia y del cual su despacho es el dueño mayoritario.

Esas metas, ambiciosas para unas entidades reducidas en rango de inversión como lo son los Departamentos, merecieron un eslogan igualmente grandilocuente: el gobierno de Pérez Gutiérrez se llama “Antioquia piensa en grande”, en una suerte de colectivización del sueño personal del mandatario.

Dueño de una larga experiencia en la arena política local de Medellín y regional de Antioquia, un triunfo y dos derrotas en tres campañas le enseñaron que su estrategia para llegar al Despacho del Gobernador era sumar alianzas y convocar pueblo, en lugar de casar peleas que no pudiera ganar.

Con esa estrategia y el apoyo casi total de la clase política tradicional -solo el Centro Democrático no lo apoyó-, Pérez llegó a la Gobernación con relativa facilidad y una vez allí declaró que era tiempo de volver a pensar en grandes proyectos.

La pugna por el Departamento se había convertido en una lucha de poderes regionales para asentar las bases de otros logros: Uribe la usó como plataforma para lanzarse a la presidencia y quienes lo siguieron pretendieron convertirse en líderes nacionales desde sus puestos en el Congreso, casi todos con relativos buenos resultados. Pero la Gobernación no daba sino para atender la clientela política, repartir puestos y administrar platas que llegan procedentes de la Nación y con destino a los Municipios.

Esa historia la cambió Luis Alfredo Ramos Botero, en cuya gobernación logró que el proyecto hidroeléctrico Ituango entrara a la lista de los negocios de generación necesarios en la expansión del parque eléctrico, al tiempo que le daba un golpe de mano a EPM y se quedaba con el control accionario de la sociedad, hasta entonces apenas una promotora y una oficina olvidada en La Alpujarra.

Esos golpes le dieron al Departamento un activo estratégico -su sola construcción la hacía el proyecto de obra de infraestructura más costoso en la historia de Colombia -sin contar el Canal de Panamá- que lo volvieron una joya tan valiosa exquisita como lo son para el Municipio de Medellín. Esa sola central, sus ocho máquinas de generación, van a producir el 18 % de la energía que necesita todo el país.

Dicho de otra manera, los recursos provenientes de Hidroituango prometían -todavía, incluso con el retraso- devolver a Antioquia a tiempos de abundancia y gloria ya olvidados.

 

EL TREN

Para un activo grande, un sueño grande, repitió Pérez en su campaña: vamos a revivir el Ferrocarril de Antioquia. Seis meses después de tomar las riendas de un Departamento “que iba a la bancarrota”, creó la Promotora Ferrocarril de Antioquia -en una sociedad entre el Departamento, el Idea, el Metro de Medellín y el Área Metropolitana, pero con control accionario de Antioquia- y, pocos meses después, se anunció con todo el bombo del caso, que serían tres tramos: entre La Pintada y Caldas, el primero; entre Caldas y Barbosa, el segundo; y entre Barbosa y Berrío, el tercero, con algo más de 300 kilómetros de recorrido.

Lo que siguieron fueron anuncios: que se iniciaba una estructuración del proyecto, que los chinos estaban interesados en construirlo y financiarlo, que los costos serían de más de un billón de pesos… Lo más reciente fue un memorando de intención que se firmó con el gobierno de Canadá. Pero hasta ahora, solo eso, anuncios.

Por ahora su eslogan “Antioquia piensa en grande” se queda solo en eso, en pensar, porque las grandes obras prometidas no se han visto y están en duda de materializarse.

PERO EL TÚNEL

Lo que no se esperaba en el despacho del Gobernador era que el avance de las obras de Hidroituango, entregadas para tal efecto y para su operación durante 64 años a EPM, fueran a sufrir no solo el retraso que sufrieron sino que la obra como tal se pusiera en peligro, debido a causas naturales, técnicas o de administración, eso todavía está por determinarse, al punto que la primera unidad de generación ya no podrá entrar en operación este mes, noviembre, sino que tal vez y en el mejor de los casos, entre en 2021.

 

“AMIGUIS”

Esa situación puso en jaque la visión del ferrocarril multipropósito que proyectó Pérez (es decir, pasajeros, carga y desechos), sino que terminó por erosionar una relación muy estrecha que mantenía con el alcalde de Medellín y presidente de la Junta Directiva de EPM.

La esperanza, la visión era apalancar créditos con la banca multilateral pensando en los ingentes recursos que vendrían de la “nueva joya de la corona” de los antioqueños.

De momento, el Gobernador, presidente -a su vez- de la Junta Directiva del Idea, que es la dueña de Hidroituango ESP, presentó un informe en el que enumeró las fallas del proyecto y anunció las acciones legales que, contra EPM, le cabe iniciar, entre ellas el cobro de una cuantía por el incumplimiento de los términos de dicho contrato.

Pero eran esos recursos los mismos con los cuales se proponía revisar el esquema tarifario de servicios públicos que pagan los antioqueños más pobres, es decir, los que viven por fuera de la Medellín conurbada.

Para el mandatario, cuya gestión tiene 14 meses por delante, quedará la participación en el túnel del Toyo -en la novísima vía al mar-, una politizada defensa de la jurisdicción en el corregimiento de Belén de Bajirá y el argumento de que salvó a Antioquia de la inminente bancarrota a la que se dirigía.

Y tal vez, el recurrente capricho de construir un autódromo en Bello. El ferrocarril, de momento, seguirá como una oficina en el sector de La Alpujarra. Por ahora su eslogan “Antioquia piensa en grande” se queda solo en eso, en pensar, porque las grandes obras prometidas no se han visto y están en duda de materializarse.