Mientras que las autoridades aplauden los buenos resultados de las medidas para evitar una contingencia ambiental, los habitantes de un sector de Itagüí continúan padeciendo la contaminación producida por las ladrilleras y chircales. La situación se hace más crítica para los más pequeños, quienes según sus padres, ya padecen enfermedades respiratorias por culpa del humo expulsado de las chimeneas.

POR ALEJANDRO CALLE CARDONA

El pequeño Matías pasó sus primeros días de vida en el apartamento que, ilusionados, compraron hace tres años sus padres en la unidad residencial Laureles del Valle, cerca de la Vía de la Moda en Itagüí. Cuando conocieron el proyecto, explican, la constructora les prometió que la industria alfarera allí asentada iba a abandonar en poco tiempo la zona. Pero no fue así.

Hace un año recibieron el apartamento y comenzaron a adelantar la obra blanca, al igual que decenas de familias en ese proyecto y en los demás que se levantaron en este sector que pasó a ser urbano e industrial, a la vez, como lo estipula el Plan de Ordenamiento Territorial. Es decir, los habitantes tenían que cohabitar con las empresas que producían ladrillos y tejas las 24 horas del día, los 7 días de la semana.

Como si fuera poco, los nuevos propietarios se encontraron con la sorpresa que la vista de su apartamento eran dos enormes chimeneas que tenían autorización para la producción hasta el 2020. A las pocas semanas se conoció la noticia de que Matías venía en camino, pero su madre tuvo un embarazo de alto riesgo y permaneció incapacitada debido a las afecciones respiratorias, que los médicos no lograban explicar.

“El humo es diario y me afectaba a mí y tenía miedo por el bebé, eso me generó un cuadro de estrés muy alto. Buscamos al Área metropolitana y Corantioquia, pero no nos dieron razón, nos decían que todo estaba dentro de las normas. El humo salía por todos los lados, en la noche se hacía más pesado y el olor más fuerte”, relató la mujer, quien prefirió no dar su nombre.

Pasaron los meses y las angustias hasta que Matías nació el pasado 21 de agosto y ahí comenzó su calvario, el mismo que padece su hermana de 3 años, quien sufre constantemente de cuadros de gripa. “El bebé nació sin afectaciones respiratorias, pero a los 15 días le dio laringitis y otitis, por lo que tuvimos que llevarlo a urgencias. Revisamos todo para mirar qué pudo haber pasado y nos dimos cuenta que por esos días los niveles de contaminación en este sector estaban en color naranja. Luego inició una semana de tormento, el niño resultó con conjuntivitis y con los días tenía más mocos, no podía respirar bien y a los dos días ya tenía un grave deterioro respiratorio”, recordó la madre, en medio de la angustia por no conocer la razón.

En la clínica lo estabilizaron, pero lo dejaron hospitalizado por bronconeumonía y aunque todos los exámenes le salieron buenos, los médicos detectaron que algo no estaba bien en su pulmón derecho. Indagaron si el bebé estaba expuesto a personas que fumaran, pero en la familia nadie lo hacía. “Siempre expuse lo de la chimenea como una posible causa”, dijo.

Matías permaneció por más de 20 días en el hospital y le dieron de alta el 20 de septiembre, le recetaron inhaladores, sus padres lo llevaron nuevamente al apartamento y a pesar de que los primeros días permaneció estable, se volvió a complicar.

“Hubo una noche en la que esa chimenea trabajó mucho, expedía mucho humo y con un olor demasiado fuerte y el niño tuvo que volver a ser hospitalizado por bronquiolitis, pero los médicos no detectaban la bacteria que lo estaba enfermando. Los médicos me dijeron que no podíamos volver a habitar el apartamento porque ya Matías tenía bronquio espasmo”.

Solo hasta el pasado 29 de octubre le dieron de alta nuevamente, su corta vida hasta ahora la ha pasado más en el hospital que en su casa, mientras que sus padres confiesan no saber qué hacer. No pueden arredrar el nuevo apartamento puesto que fue adquirido con subsidios del Gobierno Nacional y de hacerlo, lo podrían perder. Pero si se quedan arriesgan su salud y la vida del pequeño Matías.

Lo cierto es que las consecuencias serán irremediables y las afectaciones respiratorias en los primeros días de vida tendrán secuelas. “Es increíble que esto pase y nadie haga nada, que estemos en esta situación sufriendo como padres sin poder ayudar a nuestro bebé. Hemos permanecido casi dos meses en el hospital, la vida nos cambió y no hay soluciones”, lamenta la madre.

Lo paradójico es que el mismo alcalde de Itagüí, León Mario Bedoya, confesó en una entrevista en la pasada edición de CIUDAD SUR que él en su niñez también padeció por las mismas chimeneas y que estas le dejaron consecuencias de por vida. Hoy esa realidad la viven decenas de pequeños que sufren su propio viacrucis a la espera de una solución que parece no llegar.

CALIDAD DEL AIRE

Medellín y el Valle de Aburrá decretaron el estado de prevención que comenzó el primero de octubre y finalizó el  27 del mismo mes. Durante este período, las 21 estaciones de monitoreo del SIATA se mantuvieron en colores verde y amarillo lo que, según las autoridades, arrojó buenas condiciones en la calidad del aire y evitó una nueva contingencia ambiental, tal y como sí sucedió en periodos anteriores.

Sin embargo, la estación de medición ubicada en la Casa de Justicia de Itagüí y que monitorea la zona donde están ubicadas las ladrilleras, presentó los niveles de mayor contaminación en las últimas semanas (VER CUADRO).  En nuestra pasada edición, Corantioquia explicó que ya se adelantan operativos junto con la Alcaldía de Itagüí para controlar la contaminación emitida por esta industria.