Le dicen el flaco pero ya no lo es tanto. Nació y creció en el barrio Calatrava de Itagüí en medio de la guerra de bandas delincuenciales y asegura que vio morir varios de sus amigos. Confiesa que ejerce la pobreza desde hace 33 años y no le da pena reconocer que su familia dependió de la caridad, pero que el humor lo ayudó a sobrepasar todas las penurias.

POR ALEJANDRO CALLE CARDONA

Se graduó como comunicador social y ahora es uno de los humoristas más reconocidos del país de cuenta del stand up comedy y su propuesta de Monólogos sin Propina junto a Adrián Parada y Mauricio “Chicho”. Es tal éxito del show que pasó de 51 espectadores a llenar teatros cada 15 días en Medellín y ahora emprenderán su primera “gira mundial”, en la que la única presentación confirmada será el 20 de octubre en el Teatro de la Universidad de Medellín que alberga 1700 personas.

Sus videos se vuelven virales en Instagram, Facebook y Youtube con su particular estilo de hacer reír, el mismo que califica como un humor auténtico, que habla de lo cotidiano, de lo que ve y le pasa a él o a sus amigos. Acompañamos la grabación del programa para Telemedellín y hablamos con “el Flako”.

 ¿Cómo fue tu infancia?

Crecer en calatrava fue complejo, hubo mucha violencia y me tocó ver cómo mataban a un hombre, fue muy duro. Esto pasaba muy seguido y yo creo que el humor negro que generaba todas estas situaciones me ayudó a ser comediante.

Fue una época dura, entonces…

Toca mamarle gallo a la vida porque es muy compleja. Varios amigos murieron por las bandas criminales, el humor me blindó de la violencia.

En las rutinas siempre haces alusión a la pobreza ¿la padeciste?

Ejerzo la pobreza desde chiquito (risas), es una bendición porque lo que más hace reír es la tragedia, yo me río de lo que veo y vivo. Por ejemplo, el niño Dios le traía regalos buenos a todos en la cuadra menos a mí, todo eso me dio elementos para sacarle jugo con el humor.

¿Cuál fue el momento más difícil?

Tuve muchos momentos bravos. Una vez mi papá no podía trabajar, mi mamá ama de casa y mi hermano desahuciado, entonces me tocó trabajar desde noveno para llevar la comida a la casa. Incluso un año vivimos de la caridad de los amigos de mis papás.

Ya no era tan gracioso…

Pero igual mamaba gallo. Me tocaba llamar cada 15 días para reclamar lo que nos daban. Les decía, “si van a dar sean cumplidos o si no nos avisan para saber cuántos días de vida nos quedan” (risas).

¿Y hay momentos bonitos que recuerdes?

Lo que más recuerdo son los momentos en la escuela y en el colegio Lomalinda y luego en el EVE donde me gradué. Yo era muy buen estudiante porque me tocaba, era muy cansón y era la forma de dejarlos sin argumentos. Quería demostrar que uno puede ser bueno en lo que hace sin dejar de reírse de la vida.

¿Te burlabas de tus profesores?

Yo no hacía bullying sino a los conocidos, nunca ofendía, no me gusta hacer humor desde la ofensa a la gente que no conozco. Ahora, si sos amigo mío, te tienes que atener, creo que no soy muy recomendable como amigo (risas)

¿Siempre hiciste reír?

Desde niño molestaba y me reía con todo, en el colegio y en la universidad. Mis amigos me dijeron que me presentara a una audición de Comediantes de la Noche, les hice caso y gané en Medellín y luego quedé cuarto en todo el país entre 500 participantes. Ahí empezó esto en serio.

¿Sos feliz?

Soy feliz, aunque tengo muchos bajonazos, pero no soy depresivo. Es difícil mantenerse siempre feliz y por eso siempre disfruto al máximo cada momento de la vida y de lo que estoy viviendo.

Ahora llenan todos los teatros donde se presentan, ¿lo imaginabas así?

Nunca. Mi ambición era escribir y asumir el reto de tener una rutina cada 15 días, pero con el programa de televisión todo ha sido un fenómeno. Nunca pensé que el humor me iba a llevar a ser reconocido, a que la gente me saludara, eso es lo más bonito, que niños y grandes me vean en la calle y me saluden con una sonrisa.

¿Cómo describes a Chicho?

Una vez llegó al bar donde yo hacía stand up, me saludó y me dijo que lo hacía reír. Yo me asusté porque él es un hit en Twitter. Luego me dijo que quería hacer rutinas, yo lo invité y ya llevamos trabajando juntos cuatro años. Él se queja de todo y lo lleva a uno a emputarse de las cosas.

¿Y a Adrián?

Él es el pensante del grupo. Siempre investiga, tiene datos precisos para sus rutinas, escribe mucho. Yo creo que es el serio de los tres.

¿Qué te hace reír?

La naturalidad de la gente, que no se crea chistosa.

¿Qué te hace llorar?

Soy muy llorón. Creo que los que nos dedicamos hacer reír somos muy sensibles. Me afecta la injusticia, el exceso de poder y la pobreza.

¿Qué te da rabia?

La gente no sea educada o que no sea amable y que no disfruta la vida, que no sienten la emoción de vivir.