Para muchos son un problema, para otros son animales feos y detestables. Para algunos son símbolo de muerte. Lo cierto es que es que el papel que cumplen los gallinazos dentro del ecosistema es vital, ya que se encargan de la detección oportuna de fuentes generadoras de malos olores como animales en estado de descomposición que el hombre no puede ubicar a tiempo. Al ser carroñeros, evitan la propagación de enfermedades relacionadas con las bacterias de los animales muertos.

Entre los buitres es el más pequeño del grupo al medir entre 65 y 80 centímetros.  Los adultos son negros a excepción del parche blanco en la superficie inferior de las alas, en la base de primarias, las cuales se detectan al vuelo. La cabeza y el cuello son desnudos, negros y de aspecto rugoso. El pico es negruzco; la cola corta y cuadrada. El iris y los dedos son marrón oscuro, casi negro.​

Deslice para ver la galería

Surcan y son los amos de los cielos del Valle del Aburrá. Los gallinazos son aves que pueden vivir hasta diez años. Los machos tienen un peso promedio de dos kilogramos, mientras que las hembras pesan 500 gramos más. Además de comer carroña, los gallinazos se alimentan de basura y crías recién nacidas que son abandonadas.

Por eso el problema no son ellos sino los humanos que no depositan bien las basuras o restos de animales. Es allí donde los gallinazos aparecen para hacer su trabajo de limpiadores del ecosistema. Este reportaje del fotógrafo ambiental Edwin Bermúdez retrata su vida en nuestro territorio.