Por estos días los envigadeños ven cómo son sembrados guayacanes rosados, guayacanes amarillos, guayabos, cítricos, aguacatillos, guayacanes manizaleños, gualandays, samanes y cedros en zonas urbanas de Envigado. Mientras que en sectores rurales aparecen especies en peligro como robles, laureles, palmas de cera, parcinos, pinos romerones, cedros, ollas de mico, marfiles, alisos y dragos.

Esto, debido a que en 2016 los diez municipios del área metropolitana del Valle de Aburrá se plantearon una ambiciosa meta: sembrar un millón de nuevos árboles en toda la región para 2019 y así contribuir, entre otras cosas, a la calidad del aire. Par ello, Envigado viene desarrollando un  programa de siembra que a la fecha ha plantado más de 26 mil árboles en zonas rurales y urbanas que ayudan a reverdecer el municipio.

El proyecto se lleva a cabo a través de coberturas forestales en zonas rurales y arborización en sectores urbanos, es guiado por el área de Ecosistemas y Biodiversidad, perteneciente a la secretaría de Medio Ambiente y pretende plantar 100 mil nuevas especies arbóreas en un municipio en el que a la fecha se promedia un árbol por cada cinco habitantes.

Según un estudio realizado por la Universidad Nacional, en el año 2016 Envigado contaba con cerca de 43 mil árboles en la zona urbana; desde entonces, el programa ha sembrado 4.061 árboles en la urbe y 22.723 en sectores rurales, para un total de 26.784 nuevas especies arbóreas plantadas en todo el municipio.

Para Agustín Gutiérrez Henao, director de Ecosistemas y Biodiversidad de Envigado, el reto es bastante grande debido a la falta de espacios en la ciudad. “La dificultad no es económica porque un árbol plantado le cuesta al municipio cerca de 30 mil pesos, que no es una cifra alta, el problema está en la falta espacios propicios para la siembra con que cuenta la zona urbana, debido a la demanda por metro cuadrado”.

En Envigado, el objetivo es plantar 90 mil nuevos árboles en la ruralidad y 10 mil en sectores urbanos. “Lo que se busca es conservar la biodiversidad de faunas, suelos, recursos hídricos y regulación climática en las zonas rurales, mientras que en las zonas urbanas no hay bosque continuo, a excepción de los bordes de las quebradas, por eso allí se miden como árboles aislados o grupos de árboles en parques, además, existen otros humedales a los que debemos darle mucha importancia, como  El Trianón y La Heliodora”, comenta el director.

Para alcanzar la meta el área de Biodiversidad y Ecosistemas tuvo que ingeniarse una serie de estrategias que incentivaran a la comunidad a apoya este proyecto. “Si en una manzana hay árboles, la temperatura o el clima en ese sector es la mitad de un lugar donde no hay árboles. Los paisajes también mejoran a la vez que se encuentran flores de todos los colores, árboles de distintas clases y tamaños, aves, ardillas, otros animales”, añade Gutiérrez.

Mientras en zonas rurales es posible hacer reforestaciones en grandes áreas, donde se pueden plantar hasta mil árboles, en el sector urbano la falta de espacio y la alta demanda por metro cuadrado dificultan la labor; por eso los humedales y viveros municipales, como el parque La Heliodora, El Dorado y El Salado, han sido vitales durante el proceso.

Entre las estrategias que se desarrollan en pro de la arborización urbana, se cuenta el programa de asesorías, en el que se le enseña a la comunidad cómo plantar correctamente, qué tipos de árboles son más recomendados, dónde hacerlo e incluso se les regala el arbolito, a la vez que se estimula la siembra en predios privados.

El equipo de reforestación también recorre los barrios para encontrar lugares donde se talaron árboles y aun se pueden reponer, además de detectar árboles que ya cumplieron su ciclo o que fueron plantados en lugares inapropiados, debido al tamaño que pueden alcanzar.

El director de Biodiversidad y Ecosistemas de Envigado comenta que “el municipio tiene en pie una declaratoria de zonas protegidas, que incluye el humedal El Trianón, y La Heliodora; en esos sitios se están comprando predios adicionales donde se puedan hacer siembras urbanas de enriquecimiento en vegetación”.

Asimismo, el programa de reforestación urbana viene desarrollando un plan de restauración de pisos, en el que se cambian los pisos duros por jardines y se le enseña a la comunidad la importancia de estos espacios para la diversidad biológica que allí se encuentra.

Sobre el plan de restauración de pisos, Gutiérrez opina que “se debe hacer un llamado a la comunidad para que sean más consiente de las zonas verdes y la arborización, ya que es muy importante que entiendan que el antejardín de la casa no lo vuelvan piso duro, es decir, que no lo forren en cemento porque se pierde la entrada del agua al suelo y se ven afectados todos los seres vivos que allí habitan”.

Todo este ambicioso y necesario plan tiene como objetivo, no solo de llegar a 100 mil nuevos árboles, sino de mejorar la calidad de vida de todos los envigadeños.

POR ALEJANDRO ZAPATA