La lancha volteada a la deriva y un extranjero que se lanzaba al mar para no ser detenido fueron señales suficientes para saber que esta vez la situación no sería fácil para la guardia costera, que en los últimos meses ha tenido como panorama recurrente embarcaciones en medio del mar llenas de migrantes que piden ser rescatados antes ahogarse en las aguas del Golfo de Urabá.

Esta vez ocurrió cruzando la frontera panameña en Maliguita, Puerto Obaldía, pero los migrantes no tuvieron las fuerzas para pedir que los rescataran, la tristeza y el temor no se los permitieron. El pasajero más joven, una bebé de apenas 16 meses, yacía muerta en la playa al igual que uno de los extranjeros que esperaba llegar a tierra panameña para continuar con su travesía hasta los Estados Unidos.

Las dos víctimas de esta fatal travesía eran dos de los doce pasajeros de la lancha que había partido al parecer desde Capurganá, en el Golfo. Diez de ellos eran migrantes irregulares: seis cubanos y cuatro ecuatorianos. Los dos restantes eran coyotes: traficantes de personas que se aprovechan de los deseos de los migrantes por cumplir su sueño americano.

“Se ubicó el cuerpo de un gombre cerca de Playa Morales. Horas más tarde se ubicó el cadáver de una menor de aproximadamente de un año y medio en Playa Cascajal”, informó la guardia de la frontera en un comunicado, en el que anunciaban la búsqueda de las otras siete personas, que permanecían desaparecidas.

La pequeña, a la que la vida no le dio tiempo para entender por qué hizo parte de esta mortal aventura que miles de personas especialmente de Asia y África emprenden cada día atravesando el mundo para llegar a Norteamérica, es solo un símbolo del drama que se vive en la frontera entre Colombia y Panamá en el Golfo de Urabá.

De acuerdo con la Armada Nacional, solo este año 27 niños han sido rescatados de la furia de las aguas del mar caribe y de las manos de los coyotes, quienes buscan obtener hasta 10 mil dólares por el paso de cada viajero o lograr envío de drogas a Centroamérica a través de migrantes de India, Bangladesh, Burkina Faso, Cuba y Ecuador, quienes ya han gastado sus ahorros y han entregado hasta su último objeto de valor buscando llegar a países que les brinden mejores oportunidades de vida.

“El paso no es sencillo. Viajamos familias enteras de país en país, en avión, lancha, caminando…pasamos por Perú, Ecuador, Colombia, atravesamos la selva del Darién…trabajamos uno o dos meses para tener con qué pagar cada travesía, pero yo creo que mi aventura termina aquí”, cuenta en un portugués que apenas se le entiende Abdú So, un hombre proveniente de la India, quien sobrevivió entre oraciones más de cuatro horas en mar abierto en el Golfo luego de que la embarcación en que viajaba junto a otras 19 personas naufragara.

Abdú, quien hace parte de los 412 migrantes rescatados este año en esa zona entre Antioquia y Chocó, explica que decidió salir de su país porque la situación económica no es buena. “Porque en África tengo trabajo, más no dinero. El dinero que se gana es muy poco y yo tengo familia y debo sostenerlos. Por eso hay que salir a viajar”. Sin embargo, asegura que luego de tanto sufrimiento y de ver la muerte tan cerca ya no tiene la valentía para continuar hasta Norteamérica.

Por el contrario muchos siguen en la aventura, incluso con sus hijos, sin importar el hambre, las peripecias que deben hacer en la selva para sobrevivir y lo riesgos que corren al viajar por mar sin las condiciones de seguridad necesarias arriesgando sus vidas y las de muchos pequeños, quienes no disfrutan los  tradicionales juegos de la infancia sino que se ven inmersos en largas travesías entre continentes, producto de circunstancias adversas.

Ellos, luego de ser rescatados por las autoridades reciben toda la atención, comienzan proceso de restablecimiento de derechos y siguen de la mano de sus padres, quienes generalmente son devueltos a sus países de origen por Migración Colombia, lo que en muchos casos significa volver a casa por obligación y de nuevo comenzar el recorrido hacia el sueño americano, probando si la vida les da una segunda oportunidad.

 

Urabá, la ventana de entrada

Luego de que el año anterior Estados Unidos, con la llegada de Donald Trump, revirtiera algunas políticas que beneficiaban a los migrantes, el tráfico de extranjeros en el Golfo de Urabá disminuyó. Sin embargo, en lo corrido de 2018 las autoridades han debido realizar múltiples intervenciones debido a que de nuevo se ha hecho constante el ingreso irregular de extranjeros.

Además de las múltiples operaciones de rescate en aguas del mar caribe y en hoteles donde los traficantes de personas mantenían encerrados a más de 200 viajeros, en 14 operativos contra el tráfico de migrantes han sido capturados 20 coyotes, en su mayoría colombianos, pero también se ha encontrado presencia de delincuentes panameños, según las autoridades.

“Se está haciendo un plan de choque en los hoteles. Con controles priorizados en los sitios a donde posiblemente lleguen algunas personas a ubicarse luego de su travesía”, explicó el comandante de la Policía de Urabá, coronel Gerson Fajardo, al precisar que también hay despliegue en las vías, donde han encontrado migrantes irregulares, movilizándose en vehículos de servicio público.

“Seguramente pretendan cambiar de estrategia, hacer otros recorridos o ir a otros lugares, pero seguiremos atentos”

POR CRISTINA MONSALVE