Con dos hijas a quienes considera su mayor tesoro, Juan Fernando de 30 años, luego de estar inmerso en el consumo de sustancias psicoactivas y de intentar varios procesos de rehabilitación, vive hoy, por primera vez un cambio en su vida con el único objetivo de ganarse de nuevo un lugar en su familia y pensar un futuro al lado de sus pequeñas de 6 y 8 años.

POR ALEJANDRA SANTACRUZ ARENAS

Por ellas decidió alejarse por un tiempo de su ciudad y de su rutina diaria la cual incluía más de nueve dosis de droga. Por jóvenes como él, el municipio de Itagüí fortalece cada vez más su batalla contra el consumo de sustancias psicoactivas, el cual cada día es más elevado, sobretodo en menores de 30 años, razón que motivó la creación del primer Centro de Resocialización ubicado en la vereda La miel del vecino municipio de Caldas.

En medio de vegetación y naturaleza, lejos del ruido de la ciudad, en la finca La Selva, residen doce jóvenes itagüiseños, quienes voluntariamente y luego de vivir un proceso de atención ambulatorio, decidieron regalarse esta oportunidad de vida.

Este programa de resocialización y reeducación para el manejo de adicciones que es operado por la corporación Corpoases, aplica un modelo terapéutico motivacional y ocasional, diferente al conocido en los centros de rehabilitación tradicionales.

Su enfoque está centrado en reeducar y desarrollar en los pacientes la autonomía controlada y el respeto por la norma, con el fin de poder convivir en sociedad. “De hecho, el consumo de sustancias psicoactivas, aún siendo grave, puede ser el menor de los problemas que estos jóvenes tienen, ellos viven inmersos en situaciones de alta vulneración, la cual empeora con el consumo”, explica la doctora Luz América Penagos Jaramillo, coordinadora del programa.

Los residentes tendrán atención terapéutica en el Centro máximo por tres meses, pasado este tiempo, seguirá durante seis meses un proceso ambulatorio. “Un aspecto fundamental es que no permitimos la institucionalización, es decir, el usuario no se puede acostumbrar a vivir internado, bajo vigilancia y supervisión para cumplir las normas, debemos enseñarles a hacer lo correcto, independiente de que los estén vigilando o no”, apunta la especialista.

El programa que inició en octubre de 2017 bajo el liderazgo de las secretarías de Participación Ciudadana e Inclusión Social y Salud, atiende a 30 habitantes de calle y jóvenes adictos en la modalidad ambulatoria y abrió en el mes de febrero el Centro de Resocialización, en el cual espera albergar a 20 más.

En el último trimestre del año pasado se atendieron 112 personas con una inversión de más de 280 millones de pesos por parte de la Administración Municipal. El programa cuenta con un equipo de profesionales, entre sicólogos, psiquiatras, pedagogos, operadores terapéuticos y trabajadores sociales.

“Me siento muy agradecido porque he podido dejar el consumo. Estoy muy contento y fortalecido, he aprendido a controlar mis emociones y sobre todo mi ansiedad, gracias a actividades como la huerta ecológica”, afirma Juan Fernando, quien sueña ser operador terapéutico y evitar que otros jóvenes se conviertan en esclavos de las drogas.

Las familias toleran el consumo de drogas

Este Centro de Resocialización se centra en el desarrollo del ser humano mucho más allá de la adicción, por eso, como parte del proceso terapéutico los jóvenes adoptaron un árbol de la finca y se han dedicado a cuidarlo, la orientación dada en la terapia fue buscar un espacio en el cual sintieran identificadas sus vidas.

Pero el proceso no se hace solo, la familia juega un papel fundamental porque hace parte del contexto del paciente y por eso durante la visita familiar se adelanta una terapia grupal. “Encontramos que casi todas las mamás permitían el consumo, bajo la excusa de que era mejor que lo hicieran en la casa y no por fuera”, explica la psicóloga Paula.

Entre los objetivos resalta la educación a los familiares, haciendo un énfasis en enseñar que todas las sustancias psicoactivas llevan al deterioro físico y mental no sólo de quien consume sino de sus futuros hijos. “Existen muchos mitos alrededor de las adicciones y exceso de justificaciones por parte de familiares y amigos, aquí les insistimos en que deben tener un amor exigente pero no pueden sentir pesar y justificar el consumo”, explica la coordinadora.

Esquizofrenia, afectaciones cardiacas y malformación genética son algunas de las secuelas que deja, por ejemplo, el consumo de marihuana, sin embargo, existe una alta justificación en que es una sustancia natural y que no hace daño.

De un listado de 150 jóvenes, en su mayoría, identificadas en las instituciones educativas oficiales de Itagüí, 27 cumplían con las condiciones para vivir el proceso como residentes del Centro de Resocialización, pero con precauciones para evitar un efecto contrario debido a que interactúan con otros que han tenido múltiples experiencias como el policonsumo, es decir, consumen varias sustancias y han cometido actos delictivos.

La Alcaldía de Itagüí espera asignar más recursos a este programa que se convierte en una de sus prioridades. Los itagüiseños interesados en hacer parte de la iniciativa, pueden comunicarse con la línea telefónica: 306 43 22.