El sistema metro cumplió en diciembre pasado 22 años de vida, tiempo en el que se ha convertido en el principal medio de transporte del Valle de Aburrá facilitando la movilidad de 790 mil pasajeros a diario. Sin duda alguna, el de más capacidad en la región y por ende el de mayor responsabilidad a la hora de garantizar su servicio.

Durante el tiempo de funcionamiento el metro de Medellín ha sido referente en varios temas, entre ellos, su conexión a través de las demás líneas de buses y cables, su mantenimiento exhaustivo con estándares internacionales, la conocida cultura metro y la calidad del servicio.

Sin embargo, el 2018 no ha sido un año fácil para la empresa ni para sus usuarios. El martes 13 de febrero vivió una de sus peores jornadas luego de una falla en una de sus catenarias, que es el elemento que transmite la energía para que los trenes se muevan, falló y provocó que el sistema estuviera sin servicio en seis estaciones en el sur del Valle de Aburrá durante la tarde y noche.

Miles de personas tuvieron que evacuar los trenes y estaciones para tratar de buscar llegar a sus destinos como fuera posible. El caos se apoderó de la ciudad metropolitana y puso en evidencia que somos dependientes del metro, en parte a la eliminación de rutas y transformación del sistema de buses lo que ha provocado un crecimiento de pasajeros en los últimos años.

Pero no fue el único percance que padecieron los usuarios, en menos de un mes ocurrieron seis fallas similares, provocando el malestar de quienes se movían en los trenes y la preocupación de las autoridades y de la empresa de transporte. Además de detectar y reparar el daño, un grupo de investigadores de EPM, ISA, expertos internacionales y docentes de la Universidad Pontificia Bolivariana, tratan de establecer en un laboratorio las causas de los constantes daños.

Entre las hipótesis que se manejan está una sobrecarga en el sistema eléctrico en el sur de la ciudad, las afectaciones por cuenta de las descargas eléctricas (rayos) y una sobrecarga en el sistema producto del aumento de la frecuencia de trenes para responder al incremento de pasajeros. Solo en dos meses sabremos los resultados.

Pero esta no es la única investigación. La Policía y la Fiscalía, por solicitud del alcalde de Medellín también adelantan pesquisas para descartar o confirmar si se trata de un saboteo por manos criminales. Aunque parezca poco creíble, esta opción para algunos sectores es factible en medio de un mar de dudas y de preguntas de qué es lo que está pasando y porqué tantas fallas en un lapso tan estrecho.

Sin embargo, los trenes también presentan fallas continuas desde hace varios meses y allí sí hay que exigir mayor control en los mantenimientos, pero también rechazar la conducta de algunos pocos usuarios que en ocasiones por vandalismo activan los botones y palancas de emergencia, provocando la suspensión de servicio, retrasos en la operación e incluso evacuación.

Es urgente que la empresa de transporte refuerce y renueve “la cultura metro” porque es evidente que no somos los mismo los mismos habitantes de hace 22 años, producto del crecimiento poblacional  pero también de la migración interna y la llegada de habitantes de otras ciudades a Medellín. No se puede permitir lo que pasa en ciudades como Bogotá que se convierten en ciudades de todos, pero a su vez en ciudades de nadie. El reflejo se ve en las calles o en los sistemas de transporte como Transmilenio o en nuestro caso el metro.

Pero hay que ir más allá. También es necesario que la empresa Metro mejore la calidad del servicio, especialmente en el ingreso a las plataformas, con más número de taquilleros y torniquetes para agilizar el paso al sistema que se está quedando pequeño ante el aumento exponencial de la demanda. No basta con pasar a la tarjeta cívica ni que se recargue fácil –lo que de por sí ya es un avance importante- sino que se necesitan otras medidas.

Ya se han ampliado algunas de las estaciones neurálgicas y avanzan las obras en El Poblado, pero falta más. El metro es nuestro sistema, lo amamos y lo debemos cuidar, pero por esa misma razón le debemos exigir a su gerente y junta directiva que no permitan que el servicio vaya en caída libre sino por el contrario, se reafirme como el principal medio de transporte en ese objetivo de lograr una movilidad sostenible.