Con la llegada de la época de fin de año se prenden, como ya es costumbre, las alertas por el uso de la pólvora. Mucho más cuando el número de quemados, que en su mayoría son menores de edad, hacen que Antioquia siempre ocupe el primer lugar en esta lista pese a la reducción en los últimos años.

Pero en nuestra ciudad no es necesario la Navidad para celebrar con pólvora cualquier evento religioso, deportivo o familiar. Hace parte de nuestra cultura como rezago de las excentricidades del narcotráfico y el paramilitarismo. Producto de ello en lo corrido del año en el departamento ya han resultado quemadas con este tipo de artefactos 66 personas y el 55 por ciento de ellas son menores de edad.

En 2016, por ejemplo, hubo 133 quemados con pólvora, de los cuales 29 requirieron atención hospitalaria y cinco tuvieron amputaciones. Casi la mitad de las víctimas eran niños quienes habitaron los pabellones de quemados de los hospitales o permanecieron las fiestas de fin de año en sus habitaciones.

Por eso desde ya todas las autoridades comenzaron con las campañas para desestimar la compra y uso de la pólvora. Una de esas campañas es liderada por el IDEA y su gerente Mauricio Tobón, quien hace un par de años perdió uno de sus ojos precisamente cuando manipulaba un volador.

No es un dato menor, se trata de una víctima del mal uso de estos artefactos que, al mezclarse con licor, se convierten en peligrosos proyectiles que causan graves daños. La campaña fue bautizada “Antioquia sin pólvora 2017” y además de las piezas publicitarias, incluye trabajos de prevención en las instituciones educativas y el decreto que aplica en los 125 municipios que penaliza con multas 800 mil pesos cualquier tipo de fabricación, venta, porte y uso de estos elementos.

El mismo Tobón reveló que la mayoría de pólvora que ingresa a Medellín proviene de los municipios del Oriente antioqueño y del sur del Valle de Aburrá, en particular de Caldas y La Estrella. Sin embargo, también fueron identificados algunos barrios de la capital antioqueña en los que se fabrica pólvora de manera ilegal como Belén, Altavista, El Picacho y el barrio Popular.

Las autoridades policiales se comprometen a hacer operativos e incautaciones, pero en algunos municipios los alcaldes permiten legalmente la comercialización como es el caso de La Estrella. Su alcalde Jhonny García defendió la decisión al asegurar que, aunque se podría interpretar como “una doble moral el prohibir y permitir”, los dos puntos autorizados serán controlados por la Policía y los Bomberos para “garantizar que se cumpla con todas las condiciones y no se le vendan a menores de edad”.

Dicho argumento es debatible puesto que el problema no es quién lo compre sino quién lo queme o a quién le caiga. La pólvora es un elemento casi que incontrolable y aunque la pirotecnia es llamativa, en manos de personas sin conocimiento o utilizada en estado de embriaguez, se convierte en un elemento potencialmente peligroso.

Más allá de la prohibición, como se dice en las familias paisas, el ejemplo comienza en casa. Y es precisamente en los hogares donde debe comenzar una campaña íntima pero agresiva para que nuestros niños no se acostumbren a celebrar quemando papeletas, totes o las engañosamente inofensivas chispitas mariposas.

No se puede dejar todo el peso de la responsabilidad al Estado, a sus alcaldías y a la policía. Los padres son pieza fundamental en este rompecabezas que busca a toda costa reducir al mínimo la cifra de quemados. El primer reto es el próximo 30 de noviembre cuando se realice la tradicional alborada, ya el Concejo de Medellín aprobó el acuerdo “Día del No a la Pólvora y la Alborada”, aunque sabemos que las prohibiciones poco importan cuando se trata de defender una “tradición”.

Las esperanzas estarán puestas entonces en la lluvia, esa misma que llaman grupos culturales en el centro de la ciudad para evitar que el estallido de los voladores y papeletas recuerden los sonidos de la guerra. Ojalá este diciembre, esta Navidad y el año nuevo, no sean sinónimo de dolor y tragedia al ver a uno de nuestros pequeños quemados.

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