Fue una verdadera fiesta, aunque algunos ni se habían visto pese a vivir cerca. Llegaron para conocer La Guayacana, aquella casa vieja que iba a ser demolida para darle paso a dos nuevas torres de apartamentos pero que se convertiría en un parque gracias a la lucha de un grupo de ciudadanos de Envigado para evitar que una vez más, los constructores se salieran con la suya.

La casa ecléctica de don Julio, un próspero empresario y que había construido a su gusto con detalles mexicanos, griegos, barrocos y neocolonial, fue vendida a una de las empresas constructoras que habían llegado a El Esmeraldal para urbanizar con edificios lo que antes era un barrio de fincas y casas de pocos pisos. La decisión de la venta fue provocada por el mal estado financiero del empresario, incluso provocada por los millonarios gastos de la extravagante casa.

El paso de las volquetas de tres toneladas aumentó, pero esta vez cruzaron la calle más estrecha del barrio tumbando postes y acabando aún más con la tranquilidad de sus pobladores, lo que colmó la paciencia de todos. “No aguantamos más y nos reunimos para mirar cómo podíamos parar este atropello. Así nació el movimiento Ciudadanos Envigado, pagamos un abogado y comenzamos a reunirnos con la Alcaldía de Héctor Londoño”, relata Freddy Sánchez Caballero, integrante del colectivo que reunió a 50 habitantes de El Esmeraldal y Cumbres.

En ese proceso la comunidad comprobó que dicha constructora incumplía con los requisitos de retiro de quebrada, acabaría con un nacimiento de agua y varias especies de árboles protegidas, refugio de animales que habitan este pequeño bosque. Tras varias reuniones y manifestaciones, el alcalde Londoño y el entonces secretario de Obras Públicas, Raúl Cardona, decidieron parar la obra.

“Hemos logrado frenar ocho construcciones por irregularidades e incumplimientos, entre ellas el proyecto Brezzo que iba a hacer tres torres -dos de ellas en el predio del parque- y la única que construyeron fue de 12 pisos y no de 22 como era inicialmente”, explicó Caballero.

La propiedad fue donada por la constructora como compensación a la comunidad y el reto ahora era saber qué hacer con la casa casi en ruinas y el terreno. Ya como alcalde, Raúl Cardona se reunió con los representantes de Ciudadanos Envigado y definieron que el predio se convertirían en un gran parque social y abierto a la comunidad. Así nació La Guayacana.

Se inició con la recuperación de la casa de 700 metros cuadrados, por lo que sus grandes espacios ahora serán salones para talleres y eventos culturales y sociales. Su terraza se espera que se convierta en un gimnasio al aire libre, mientras que su zona verde podrá ser utilizada para picnic y caminatas ecológicas alrededor de árboles como el magnolio y eucalipto.

“En total invertimos 1.720 millones de pesos y ahora El Esmeraldal, pero también todo Envigado, cuentan con un nuevo y hermoso espacio para sus actividades culturales. Nuestro compromiso siempre será por el cuidado del medio ambiente y que los constructores respeten las normas”, indicó el alcalde Cardona.

Como si fuera poco, la construcción es rodeada por un largo mural de colores y que fue pintado por la misma comunidad, liderada por Freddy Sánchez Caballero, quien además es un reconocido artista con exposiciones alrededor del mundo. Se trata de “Pensamientos que caminan”, un homenaje a Fernando González, el filósofo de Otraparte quien recorría a diario estos caminos.

“Valió la pena tanta lucha y sacrificio. Ciudadanos Envigado es un movimiento que reclama, pero también propone soluciones”, dijo Jorge Melguizo, líder social y cultural de la ciudad. Ahora La Guayacana, lo que ya sería un nuevo espacio exclusivo para unos cuantos, está abierto para toda la gente de Envigado. Para llegar allí hay que caminar y esa es la idea, pero quien decida hacerlo disfrutará de un húmedo paisaje y un espacio tranquilo en medio de conurbada ciudad.

Alejandro Calle Cardona

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