En Caldas se hornea el ponqué más famoso del país

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Un olor dulce y esponjoso de inmediato invade tu sistema respiratorio.  Esa la primera sensación al abrir las puertas de la pastelería donde se fabrica el ponqué Ramo, ubicada en el municipio de Caldas, lugar que por 65 años solo fue accesible para trabajadores y cercanos a la familia Molano Camacho, fundadora y dueña de esta empresa.

 

Aunque el proceso para moldear y hornear las tortas no es diferente al de cualquier ponqué hecho por nuestras abuelas, detrás de unas grandes puertas blancas se esconde el secreto de la mezcla que llevó a Ramo a hacer parte de las loncheras, algos, onces, reuniones y fiestas de cada colombiano y una de las marcas más recordadas en el país.

La historia de industria Ramo comenzó en 1950 con un hombre visionario en busca de aumentar sus ingresos y una receta especial de Santa Rosa de Viterbo, Boyacá. Rafael Molano inició su compañía vendiendo los ponqués de su esposa Ana Luisa a sus compañeros de trabajo en Bavaria, pero al ver la fama que adquirían vio en ellos una oportunidad de negocio que llevó a varias tiendas, donde fue todo un éxito.

Renunció a su cargo de alto ejecutivo y de la mano de su familia comenzó a hornear su futuro. En 1964 y gracias a un crédito bancario inició la producción industrial a gran escala en Bogotá; en 1967 abrió la planta en Sabaneta y en 1969 inauguró el parque Industrial Ramo en Mosquera, Cundinamarca.

En 1968, Olimpo López, quien se convertiría en su pastelero estrella, creó la Gala, uno de los productos estrella de la compañía y cuyo empaque lleva una caricatura suya. Cuatro años después, nació el famoso Chocoramo, un capricho de uno de sus ocho hijos por untar la tradicional torta gala con chocolate, motivando a don Olimpo y a dos químicos de la empresa a probar todas las fórmulas posibles para dar vida a uno de los producto más vendidos del país, con unas 550 por minuto y que representa el 80 por ciento de las ganancias de la compañía.

 

Según le relató Olimpo a El Tiempo en marzo de 2013, el experimento no resultó fácil: “el ponqué se partía y se caía en pedazos porque no soportaba el peso del chocolate”, por lo que lo obligó a encerrarse durante seis meses hasta lograrlo. Olimpo falleció el pasado 16 de octubre y nunca dio a conocer detalles de su exitosa receta.

Con paciencia, el puñado de periodistas invitados a conocer la planta recorrimos cada uno de los pasos para crear el ponqué Ramo, pero en el fondo, todos queríamos saber si en realidad el chocoramo nadaba en una piscina de chocolate, como lo aseguraba el director general de la compañía, Germán Martínez.

Luego de que el ponqué pasa horas enfriándose en canastas de plástico, es tajado por una máquina en 15 partes iguales, posteriormente es seleccionado por dos operarios que verifican que cada tajada esté en óptimas condiciones para recibir el baño de chocolate. ¡Qué delicia!

Ansiosos buscamos el siguiente paso en lo que parece una mesa extensa que finaliza en una máquina empacadora. Dos hombres se encargan de filar las tajadas en un pequeño carrusel ascendente para que de tres en tres las tortas pasen por una fuente de chocolate líquido que las cubre por lado y lado a 60 grados Celsius.

Aún con el chocolate fresco el ponqué viaja en una banda por una cabina que se encarga de enfriar y sellar el chocolate en menos de 10 minutos, al finalizar la mesa una hábil mujer encarrila los chocoramos en una banda más pequeña, y uno a uno son empacados en la tradicional bolsa naranjada, que no ha cambiado su imagen en 43 años de historia.

Aunque la piscina de chocolate era solo un mito urbano, como la piscina de aguardiente de la Fábrica de Licores de Antioquia, las cifras de esta pequeña torta de chocolate son realmente sorprendentes. En la planta de Caldas se fabrican unos 500 mil chocoramos a la semana y en el país se venden 600 mil unidades diarias.

Según un estudio de la firma Raddar, Chocoramo es la tercera marca más reconocida de Colombia, llegó a ser tan popular que la empresa sacó una edición especial de chocoramo mini y fue tal el éxito que permaneció en el mercado y hoy se producen 160 toneladas mensuales. Esta es una pequeña parte de la historia de un capricho infantil y un pequeño homenaje a don Olimpo, el pastelero que le dio vida al ponqué más deseado del país.

 

Heidi Acosta

periodicociudadsur@gmail.com