Un pueblo anclado en el tiempo

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Cuatro cantinas son la puerta de bienvenida a este poblado ubicado en el suroeste de La Estrella. Llegar a su casco urbano puede tardar entre cinco minutos en vehículo, quince a caballo o hasta media hora caminando. Su aparente tranquilidad, sus viejas casas y el abandono estatal, lo han convertido en un pueblo anclado en el tiempo. Un Pueblo Viejo.

Cuando finalizaba el exterminio de los indios que habitaban el valle de Aburrá, en 1682 algunos sobrevivientes de la tribu Anaconas le reclamaron a don Francisco Carrillo de Albornoz, gobernador de la provincia de Antioquia, las tierras de Viticua para ser cultivadas y a donde los blancos no tuvieran acceso.

Tres años después el Gobernador recibió la autorización para que erigiera un pueblo en honor a Nuestra Señora de La Estrella y los Anaconas tomaron posesión de las tierras en lo que hoy es Pueblo Viejo.

Las primeras casas de tapia y bareque aparecieron mediando el siglo XX con las familias Suárez, Torres, Herreras y Morales, mientras las fincas Villa Estela y San Antonio, se convirtieron en las dos construcciones más lujosas.

Sus habitantes caminaban las trochas para entrar los alimentos y Abel Torres fue el responsable de transportar los materiales para la construcción de las viviendas. El caballo y los antiguos chiveros eran los medios de transporte, hasta que hace 20 años llegó el primer colectivo, por lo que el caballo quedó reducido a los dueños y trabajadores de fincas y pesebreras.

Su crecimiento tuvo su mayor auge en las décadas de los ochenta y noventa y actualmente allí habitan cerca de 6 mil personas. Pese a esto, a excepción de las misas curativas del párroco los martes, jueves y domingos; por sus calles no pasa nada extraordinario. Mario Obando, o “la tuza” como le dicen producto de un amor juvenil perdido, asevera que el abandono estatal ha ocasionado el atraso de Pueblo Viejo.

“Aquí ningún alcalde y concejal hizo algo, ¡nada!, solo este nuevo se interesó por nosotros y está haciendo inversión, aunque falta mucho más”, indica el hombre de 70 años, mientras bebe una cerveza. Y es que la actual Administración Municipal adelanta los proyectos de la cancha sintética y la ampliación del colegio, incluso ya entregó una vía pavimentada. No obstante las deudas sociales con este sector forman una larga lista.

“El acueducto ya está obsoleto porque lo construimos en 1962 con tubos de cemento y la planta de agua no sirve a pesar de que prometieron que el agua iba a ser de mejor calidad; eso sigue siendo un pantanero cada vez que llueve y no se cierra la llave. Pero lo más grave es el desempleo”.

Allí están asentadas grandes fincas y dos colegios privados de renombre, aunque ningún habitante de Pueblo Viejo estudia allí. El Maestro Arenas Betancur es considerado como su hijo ilustre, aunque solo haya vivido durante cuatro años en este pequeño pueblo.

“Aquí hizo dos obras importantes, entre esas El Desafío, la que está cerca al Parque de Berrío”, relata ‘la tuza’, quien confiesa en voz baja que Betancur era aguardientero y que cada trago se lo tomaba en tres sorbos.

Pese  al evidente retraso, los habitantes de este poblado, el segundo más grande de La Estrella, son optimistas frente al futuro ante las recientes inversiones estatales y esperan convertirse en una de las mejores zonas del municipio, gracias a su tranquilidad y hermosa vista.

 

Alejandro Calle Cardona

periodicociudadsur@gmail.com