Chespirito, el Shakespeare latinoamericano

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A Roberto Gómez Bolaños lo conmueve la vida, le encantan las letras y le fascinan las mujeres guapas. A Roberto Gómez Bolaños le encanta crear, ama a sus nietos y adora a sus hijos.  A Roberto Gómez Bolaños millones le agradecen, esos mismos millones lo piensan y muchos más millones lo ven todos los días.

 

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Ese pequeño Shakespeare, Chespirito, cumplió este 21 de febrero 84 años. Ese ciudadano de Latinoamérica, so pena de algunas molestias físicas, conserva su memoria excepcional, unos dedos ágiles y las ideas frescas.

Por estos días su nombre suena con más entusiasmo. Este lado del mundo le rinde un gran homenaje, algo de lo que no se tiene memoria y que no se compara con lo que el escritor, director, productor, humorista e ingeniero ha recibido hasta el momento. América celebra a Chespirito, una celebración que se adeudaba. Una fiesta en la que, de seguro, este hombre hará gala de su pequeña figura para tratar de esconderse.

Esos asuntos lo incomodan. Él prefiere desaparecer en el anonimato. Pero no ha sido bueno para eso. Con El Chavo, El Chapulín Colorado, Chaparrón, Chompiras, Vicente Chambón y otra serie de personajes su rostro es imposible olvidarlo.

Y no solo fue él. Cada uno de los personajes creados, principalmente para El Chavo,  están instalados en las memorias de viejos, jóvenes y ahora de niños.

Tradición oral

El anecdotario de Chespirito es uno de los más nutridos. Es un listado, que hasta el momento nadie ha organizado, y que se narra como una historia maravillosa como la mayor prueba de la tradición oral.

Son historias que se cuentan una y otra vez. Todas generan la misma sensación de sorpresa. Cuántas veces no se ha escuchado el fantástico descubrimiento de uno de los nietos de Gómez Bolaños: –“mamá, a que ni te imaginas. El abuelo Robert es el ‘Chapulín Colorado’”.

En cuántas ocasiones no se ha contado que  no gusta de las corbatas. Que las muchedumbres han impedido aterrizajes de los aviones y que se mantiene vigente, joven eterno, con los programas que creó y se siguen emitiendo con altos puntos de rating.

A este genio de la CH, que ya se volvió frase recurrente, se le deben las risas inusitadas de un humor blanco, de un humor ingenuo que se reflejó en cada personaje, en cada chiste y en cada gesto.

Chespirito también disfrutó con sus compañeros. Sin duda, se carcajeó con ‘don Ramón’ y lloró su muerte. Hoy, además de los programas, sigue vigente. Tres libros, la serie animada, la futura película del Chapulín Colorado, los homenajes y las palabras creadas que se repiten como muletillas lo hacen recordar.

Dentro de sus últimas apariciones, Chespirito celebró que muchos lo hayan visto, pero lamentó que doña Elsa, su madre, no lo viera llegando a la cima. “Ella nunca me vio como El Chavo o como el Chapulín”.

 

Por Andrés Velásquez

periodicociudadsur@gmail.com