“Pintaré hasta que muera”

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Su carrera artística inició cuando aún estaba en la escuela y dibujaba la caricatura de sus profesores para hacer reír a sus compañeros de clase. Su paso por Europa durante 20 años le permitió pasar por las mejores escuelas de arte y vivir la crudeza de la Guerra Fría, lo que lo sensibilizó con las víctimas de la violencia. Ahora en su taller y en la Casa de la Cultura de Caldas, transmite sus conocimientos. Su nombre es Dorian Flórez, el pintor de las paternidades.

 

Creció en medio del arte puesto que su madre pintaba jarrones y platos en Locería de Colombia, lo que despertó la pasión por la pintura. En sus años escolares era el dibujante oficial de sus compañeros y sus primeros pesos se los ganó haciendo carteleras.

 “Recuerdo un Día del Idioma cuando en un concurso en el colegio, las diez mejores carteleras las había hecho a pedido de varios compañeros. Yo quedé de cuarto y todos, incluidos los profesores, se reían porque conocían quién era el autor de todas ellas”, relata con malicia.

Un almacén de su madre, el “Magali París”, lo motivó a visitar esta ciudad y estudiar allí artes plásticas pero su familia, como suele suceder, le auguraba un fracaso económico de continuar con su pretensión. Decidió presentarse entonces a medicina en el CES en Medellín y en la Universidad Javeriana en Bogotá, pero en ambas fue rechazado, pero al salir de esta última encontró a su pasó la embajada de Francia e hizo realidad su sueño.

Cuando tenía 20 años emprendió viaje sin despedirse de sus amigos e ingresó a medicina en la Universidad de Nantes, a 400 kilómetros de París, y asistía simultáneamente a la Escuela Superior de Bellas Artes. Dos años después pasó a estudiar sicología clínica “porque me di cuenta que muchas enfermedades venían de la cabeza”. Para sostenerse comenzó a vender pinturas, retratos y caricaturas a sus compañeros y rápidamente pasó a vender en distintas galerías de la ciudad.

“El éxito en ventas me permitió visitar a mi familia en un par de ocasiones y a viajar por 20 países como mochilero”, pero llegaron tiempos de escases a tal punto que recibía asistencia alimentaria junto a habitantes de calle en París por parte de Cáritas Humana, fundación para la cual después trabajó y conformó el equipo de Médicos sin Fronteras y viajar a las zonas devastadas por la guerra en  Yugoslavia, país que ya conocía.

“Fue una experiencia maravillosa aunque muy dura porque evidencié el drama humanitario que produjo la guerra. Era muy similar a lo que vivía Colombia, lo que me ayudó a sensibilizarme por los problemas sociales”, asegura el maestro Flórez. Luego de 20 años en Europa, regresó en 2001 a su tierra natal y creo el taller de artes en la Casa de la Cultura de Caldas, en el que asisten personas con discapacidad mental y física junto a los demás estudiantes. También abrió su propio taller y galería a donde llegan personas de toda el área metropolitana y de otras regiones.

Por su paso por Francia, un comportamiento poco extraño entre los paisas marcó su vida. “Noté que los hombres se involucraban mucho con la crianza de sus hijos, los bañaban, cambian de pañal y los paseaban en sus coches por la ciudad”. Esto lo motiva a pintar esta cotidianidad parisina, lo que lo hace merecedor del apelativo del “pintor de las paternidades”, puesto que los artistas solo se habían preocupado por la maternidad.

Pero esa pasión por la paternidad se ve reforzada por los 20 hijos que tuvo su padre, 10 de ellos adoptados a quienes se encontraba en la calle y los llevaba a vivir a su casa. También por su experiencia personal, puesto que su esposa perdió a sus hijos en cinco oportunidades y ahora, tras la adopción de una niña, logró su sueño de ser padre.

Ahora pasa los días enseñando todo lo que ha aprendido a lo largo de su carrera, conformada por más de 40 exposiciones en 25 países del mundo. Entre pinceles y óleos, y escuchando música clásica o new age, acompaña el proceso de sus estudiantes, muchos de ellos con síndrome de down y autismo, como modelo de terapia. Algunos de sus alumnos ya han hecho sus propias exposiciones y montaron sus propios talleres”, asegura orgulloso.

Este aficionado del fútbol, hincha del Deportivo Independiente Medellín, lo que heredó de su padrino, confiesa que le saca la rabia en que los políticos no cumplan lo que prometen y que hagan “politiquería con la cultura y el deporte. Ahora prepara su nueva exposición y ni sin pensarlo asegura que “pintaré hasta el día de mi muerte”.

 

Alejandro Calle Cardona

periodicociduadsur@hotmail.com